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sábado, 4 de junio de 2011

HOMENAJE AL HISTORIADOR LUIS ALEN LASCANO

MARÍA MERCEDES TENTI

La historia no es una ciencia exacta sino más bien una forma de memoria, que se diferencia de las memorias “sueltas” o colectivas, que se generan en todas las sociedades y grupos sociales, porque es sistemática, científica (o con pretensiones de serlo), responde a reglas de una disciplina y es sometida al juicio crítico de una comunidad académica.
Luis Alen Lascano, decano de los historiadores santiagueños, nos dejó el 25 de septiembre de 2010, aunque su obra perdurará en las próximas generaciones. Autodidacta, discípulo de historiadores que marcaron huella en la historiografía santiagueña como Orestes Di Lullo y Alfredo Gargaro, fue descubriendo los secretos del oficio llevado por su inquietud personal en indagar el pasado, para poder comprender mejor la realidad en la que se encontraba inmerso. En 1951, cuando partía a cumplir con el servicio militar, apareció su primer trabajo historiográfico, Pueyrredón, el mensajero de un destino, que se convirtió en el eslabón  inaugural de una larga serie de publicaciones, que fueron jalonando su fructífera labor de historiador y consolidando su legado.
Haciendo un análisis de sus obras podríamos dividir su producción historiográfica en tres etapas, aunque no rigurosamente delimitadas: La primera, correspondiente a las décadas del cincuenta y sesenta, en la que, paralelamente a su militancia radical, indagó sobre temas que preocupaban a la juventud de entonces, relacionados a la inserción de América Latina y Argentina en el complejo panorama mundial de la pos guerra y de reacomodamiento de los países periféricos al orden imperialista diseñado, por entonces, por los países centrales. Fruto de esta época son Hispanoamérica en el pensamiento de Irigoyen, Imperialismo y comercio libre y en la década del setenta, Dependencia y liberación en los orígenes argentinos y La Argentina ilusionada. Si bien se trata de narrativas correspondientes al ámbito nacional, en ellas no está ausente la historia santiagueña, entretejida dentro del entramado de la historia más amplia de la Argentina toda.
La segunda etapa, que podríamos extenderla hasta fines de la década del 80’, se inicia en 1968, cuando vio la luz Felipe Ibarra y el federalismo del norte, sin lugar a dudas, un hito en la historiografía santiagueña, no solamente porque consolidó el revisionismo histórico en la provincia, sino, fundamentalmente, porque el meduloso estudio que realizó sobre Ibarra, trascendió el simple enfoque biográfico para analizar el proceso histórico santiagueño, desde la revolución de mayo hasta la muerte del caudillo en 1851, etapa clave para entender la conformación de la provincia y la impronta que fue adquiriendo a lo largo de los años, con sus componentes sociales, económicos, ideológicos y políticos.
La visión revisionista, hispanista y católica de la historia provincial  aparece en la mirada inquisidora de Alen Lascano, aunque consonante con un revisionismo ‘moderno’, que apunta no solamente a describir los hechos del pasado, sino a interpretarlos y comprenderlos en su contexto. Sin dudas, por esta causa, fue convocado por Tulio Halperin Donghi para colaborar, hacia fines de los 90’, en la obra Historia de los caudillos argentinos, en la que Alen escribe nuevamente sobre Ibarra, siempre desde su óptica.
En esta fase de su producción historiográfica está presente también su preocupación por otros temas referidos a la problemática santiagueña como El obraje, Homero Manzi, poesía y política y Andrés Chazarreta y el folclore. En ellos inquiere sobre el paisaje y la sociedad santiagueña, la destrucción del bosque y la explotación de los hacheros, la cultura y sus hacedores, proyectando la realidad local a la nacional, dentro del andamiaje latinoamericano.
En la tercera etapa -a partir de la década del 90´- nos encontramos con un Alen Lascano maduro en su producción historiográfica, que publica Historia de Santiago del Estero, primera y única historia integral de la provincia, hoy lamentablemente agotada. En ella vemos al historiador de oficio que utiliza el método historiográfico con preciso rigor, tanto en la búsqueda de fuentes como en el análisis, narración y explicación de la historia local. La obra nos permite comprender, desde la larga duración, los ciclos históricos de la provincia, en claves políticas, socio-económicas y culturales, inmersas siempre en el contexto de la historia nacional. 
En el prólogo de su Historia santiagueña sostiene: “Siempre hemos deseado contribuir al esclarecimiento de los hombres, circunstancias, fundaciones y hazañas que tuvieron por epicentro a la ciudad de Santiago del Estero, la primera entidad política, institucional, religiosa y cultural que tuvo la Argentina actual”, y precisamente, esta frase, resume, en gran medida, su perspectiva historiográfica desarrollada en más de medio siglo.
Su preocupación por bucear en los orígenes de la historia provinciana tiene que ver con su concepción de la provincia dentro del contexto nacional. Alen Lascano concibió el pasado de Santiago, casi como una epopeya en la que era necesaria rescatar del olvido a los ‘héroes’ que la llevaron a cabo.
El mérito de la obra radica en ofrecer un panorama particular santiagueño, frente al conjunto heterogéneo de la etapa de la conquista, en las demás fundaciones. El autor quiere convalidar, una vez más, el papel que le cupo a Santiago del Estero como madre de la colonización argentina, fundadora de ciudades, forjadora de la educación y de la cultura nacional, primera en la defensa de los derechos de los aborígenes, pionera de la evangelización en el Tucumán, sede del primer obispado y origen de la industria nacional. En su relato se va construyendo, paso a paso, el mito fundacional instaurado por él mismo y por otros historiadores alineados en la misma concepción del pasado.
A lo largo de la obra Alen narra la historia santiagueña desde sus orígenes hasta nuestros días. Presenta la problemática propia de cada período y analiza el conjunto de medidas que tomaron los santiagueños en la búsqueda de soluciones. Cada hecho, cada movimiento político, social o cultural, trata de explicarlos en virtud de sus ecos o resonancias y buscando su vinculación con procesos nacionales y aún internacionales.
Escribe la historia santiagueña para contestar a las preguntas que se formula permanentemente la comunidad: de dónde venimos, cómo somos y a hacia dónde vamos. Sólo así la historia tiene realmente sentido: cuando se trata de aportar algo positivo y duradero en la indagación de nuestra identidad como pueblo, como nación.
A partir de entonces, el vigor del historiador aparece inagotable y puede explicarse por la calidad y cantidad de sus contribuciones al estudio de la historia provinciana. Sus trabajos continuaron sin declinar hasta su muerte, con temáticas tales como Santiago del Estero, recorrido por una ciudad histórica, Los orígenes de Santiago del Estero, El folclore santiagueño, entre muchas otras. En reconocimiento de su aporte a la historiografía nacional, con una treintena de libros publicados y más de doscientos opúsculos, separatas y prólogos, la Academia Nacional de la Historia lo honró designándolo miembro correspondiente por Santiago del Estero.
El propósito general, frente a la condición humana de estar condenados al tiempo, es rescatar del olvido aquellos elementos que sirven para construir la identidad –que en definitiva es un constructo- concebida por cada autor. A veces se piensa la memoria y la identidad como dos elementos distintos. Indudablemente la primera es anterior a la segunda. Sin embargo, memoria e identidad se compenetran, son indisociables, se refuerzan mutuamente. No hay búsqueda identitaria sin memoria e, inversamente, la búsqueda memorialista está siempre acompañada de un sentimiento de identidad, al menos individual.
El propósito final de Alen Lascano, en su larga producción historiográfica es, precisamente, apelar a sus estudios del pasado para aportar a la construcción de una representación o memoria colectiva. Su discurso identitario está plasmado en toda su obra con el propósito de producir representaciones en cuanto al origen, la naturaleza y la historia de la propia sociedad santiagueña.
El papel de los intelectuales en la construcción de la identidad, en la reconstrucción de la memoria colectiva, es, sin dudas, de capital importancia. En este caso, el papel de Alen Lascano como historiador  fue aportar a la construcción de la memoria, con el propósito de allanar el camino para la comprensión del pasaje del individuo al colectivo, de la transformación de lo singular a lo general, en síntesis, de la conformación de la memoria social. 
Un párrafo aparte merece Luis Alen Lascano, el maestro, el hombre de bien. Si bien transitó por aulas de distintos niveles educativos, su generosidad manifiesta, con propios y extraños, lo convirtió en consejero de varias generaciones. Siempre pronto para brindar un dato, hacer una sugerencia, prestar un libro, sacar de una duda, analizar trabajos de jóvenes y no tan jóvenes historiadores y cientistas sociales, a los que alentaba y estimulaba en forma desinteresada y a veces poco usual en los ámbitos académicos.
Sus trabajos son de consulta obligada para todos los que quieran inquirir sobre el pasado santiagueño, en la búsqueda de respuestas para poder comprender el presente y vislumbrar, por qué no, el futuro. A través de ellos podemos recorrer el largo itinerario de una sociedad con vocación originaria de grandeza, jaqueada a lo largo de los siglos por factores adversos, a los que debieron enfrentarse hombres y mujeres, protagonistas -reconocidos y anónimos- presentes en sus obras.
La producción de Alen Lascano, consagrada al estudio del pasado santiagueño, se ha convertido en un dato central para la historiografía provincial, regional y nacional. Esta característica es poco usual en una época en que cada vez más se nota la especialización disciplinaria, sin embargo se desplegó en su obra, en un marco temporal que comprende prácticamente el conjunto  de la experiencia histórica de la provincia. Por ello, podemos afirmar, sin lugar a dudas, que Alen, a través de sus múltiples producciones, contribuyó, cabalmente, a desentrañar la historia integral de Santiago del Estero. Su partida nos dejo un vacío, difícil de llenar.

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