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lunes, 24 de julio de 2017

DELIMITACIÓN TERRITORIAL DE UN ESTADO PERIFÉRICO. SANTIAGO DEL ESTERO (1851-1916)


MARÍA MERCEDES TENTI


El trabajo se propone indagar el rol del Estado santiagueño en la delimitación y demarcación del territorio, en la etapa de conformación del Estado provincial, a partir de la organización nacional luego de sancionada la constitución en 1853, hasta las dos primeras décadas del siglo XX en que el Estado en formación logró diseñar, con mayor aproximación, su territorio y dirimir parte de las cuestiones fronterizas con los Estados provinciales vecinos. Las políticas territoriales fueron variando a medida que se avanzaba sobre las tierras indígenas y según los intereses de las élites dirigentes locales y nacionales sobre las tierras públicas. Pueblos y ciudades fueron diseñándose según las necesidades emergentes y las demandas del ‘progreso’ marcharon impulsadas por el tendido de vías férreas.  Hacia principios del siglo XX se dibujaron, con mayor precisión, planos y mapas, que permitían conocer más exactamente la extensión territorial de la provincia, y se aprobaron los primeros mapas oficiales. 

http://www.congracha.org/web/publicaciones_digital/001/index.html



domingo, 21 de mayo de 2017

Marc Bloch fusilado

Nota de Lucien Febvre


Finalmente rompo el silencio, el doloroso silencio que guardo desde hace semanas. Ya no queda ninguna duda en mi espíritu. Marc Bloch, retirado el 16 de junio de 1944 de la celda en la que los alemanes lo habían encerrado, en primavera, en Lyon, en el siniestro fuerte de Montluc, fue fusilado con veintiséis compañeros, otros veintiséis franceses de buena cepa, detenidos, como él, por la Gestapo. Fue fusilado en un campo, en el sitio llamado "Les Russilles", en el camino de Trévoux a Saint-Didier-de-Formans, a unos veinticinco kilómetros al norte de Lyon. 16 de junio de 1944: era el momento en el que el invasor sentía cercana su partida, "vaciaba las prisiones" y sembraba los campos, lejos de las ciudades, de cadáveres de patriotas asesinados sin juicio, cuya identidad se encarnizaba en destruir...
No ha llegado el momento de decir aquí ni que lo que fueron esos últimos meses de una vida llena de nobles trabajos, tan henchida de promesas descontadas por todos, ni lo que significa, en su conjunto, la obra de ese gran sabio, de ese alto espíritu que hacía tanto honor a esa Geleherte Europa que, antes, Alemania respetaba. Ya rendiremos a Marc Bloch el homenaje que merece, pero que no liberará ni nuestros espíritus ni nuestros corazones frente a él. Usaré entonces, para hacer más digno de él este comentario, la correspondencia que no habíamos dejado de intercambiarnos, él y yo, durante la guerra, tan libre como lo exigían nuestros humores, a pesar de las restricciones, tan frecuente como lo permitían las circunstancias. Por el momento no puedo más que registrar una pérdida, y qué pérdida si es cierto que, de todos nuestros grandes muertos de la Resistencia, Bloch es, quizás, el más grande por el espíritu, el más luminoso por la influencia, uno de los más fuertes también por su energía lúcida. Esta pérdida francesa... ya sé como se sentirá en el extranjero, donde hará nacer los mismos sentimientos de horror que en Francia...
En 1939, a pesar de su edad (iba a cumplir 58 años cuando murió), a pesar de sus altas funciones en la enseñanza, a pesar de tantas razones que tenía -tan luego él, magnífico combatiente de 1914- para mantenerse apartado de una movilización que ya no le imponía el estricto deber de partir, en 1939, muy simplemente, Marc Bloch había retomado el uniforme. Destinado a un cuartel general del ejército, se le había confiado una tarea pesada: la del dirigir y asegurar la distribución de combustible en una de nuestras grandes unidades de combate. Esa tarea la cumplió hasta el final con una autoridad, una maestría y, cuando fue necesario, con un coraje físico y moral ejemplares. Después de ello, exitoso en su intento de evitar el cautiverio, se unió a los suyos en el Centro. Fue para conocer pronto la amargura y la vergüenza de las persecuciones que inauguró sin disgusto un régimen que habría deshonrado a Francia si tal deshonor hubiera dependiendo de él. Inscripto por sus colegas en la lista de algunos miembros de la Enseñanza Superior que parecía que los alemanes, provisoriamente, no quería tratar exactamente como trataban, en conjunto, a todos aquellos que excluían de un "arianismo" que sus excesos, sus crueldades sádicas, sus abominables violaciones de los derechos más sagrados de la persona humana, tornaba tan execrable como fuera posible, Bloch se refugio, primero, en Clermont-Ferrand, en la ex Universidad de Estrasburgo refugiada en la ciudad de Pascal. Pasó luego a Montpellier donde, a pesar del mal recibimiento que le dispensó un personaje poco escrupuloso, enseñó en la Facultad de Letras hasta el día que el enemigo franqueaba su propia línea de demarcación y Bloch recibió de las autoridades locales el consejo de partir inmediatamente, cosa que hizo. Por ello, los personeros de Vichy le revocaron su permiso, y, como no retrocedían ante nada, lo incriminaron ¡"por abandono del puesto ante el enemigo"! No se sabía que Alemania, a la que servían dócilmente, fuera su "enemigo". Entretanto, en París, los alemanes le habían robado toda su biblioteca: cuidadosamente empaquetada, guardada en cajas, fue trasladada hasta el último libro, como poco antes lo había sido la biblioteca de otro de nuestros grandes sabios y amigos, Henri Hauser. Y no estoy enumerando...
Entonces, Bloch abandonó la legalidad. A su edad, con su salud que no era para nada perfecta, con su aspecto lo suficientemente reconocible como para que le fuera difícil pasar inadvertido, se lanzó valientemente a esa vida clandestina de la Resistencia, de la que, para quien no la conoció, resulta imposible imaginar los peligros, las fatigas, las continuas alertas y también las satisfacciones. Debemos señalar que, en vísperas del armisticio, habría podido pasar a los Estados Unidos, como tantos otros. Se le ofreció. Podía decirse a si mismo que, libre, serviría a la causa de su país. Se las arregló, sin embargo, para que su partida fuera imposible. No podía dejar a su familia, a su país. Entonces, todo podía preverse, y fuimos muchos, entre sus amigos, los que lo prevenimos y los que, vanamente, se lo dijimos. Expulsado de Montpellier, en Lyon llegó a ser una de las cabezas del movimiento que, a pesar de las represiones salvajes, iba a ampliarse sin cesar. Y Bloch trabajó en él hasta el día en que fue capturado en una gran redada por la Gestapo.
Enviado al fuerte de Montluc, ese gran sabio, conocido y respetado tanto en el exterior como en su patria, ese hombre que honraba la ciencia y la humanidad, sufrió todos los ultrajes, todas las violencias que brutos sádicos y desencadenados infligían en frío a los patriotas. Bestialmente golpeado golpeado en el rostro, molido a golpes, las muñecas casi destrozadas, sometido al suplicio del baño helado, estuvo a punto de morir de bronconeumonía. En el hospital lo curaron. Volvió a prisión. Entre tanto, su mujer, que valientemente compartía sus peligros y esperanzas, murió súbitamente en Lyon. Uno de sus cuñados fue fusilado y su cuñada deportada. Sus hijos habían alcanzado África atravesando España o se escondían en Francia. En su celda, Marc Bloch permanecía calmo, sonriente y alegre. Sí, alegre. "Nos alentaba -cuenta uno de sus compañeros de cautiverio-, nos animaba, nos hablaba de Francia y de su pasado, nunca desesperaba..." Sin embargo, no se hacía ilusiones sobre la suerte que le esperaba. En Lyon se preocupaban por salvarlo, preparaban planes de evasión... Demasiado tarde. El 16 de junio de 1944, cuando vinieron a sacarlo de su celda para llevarlo a morir, muy lejos, en el anonimato, estaba listo. No ha muerto solamente como mártir de una patria cuya eterna grandeza él conocía mejor que nadie. Pensando en sus últimas cartas, en sus últimas conversaciones, en esa depuración continua de su pensamiento y sus sentimientos, quiero decir, y digo, que murió una muerte santa.
Está muerto. Y no llego a asumir plenamente lo que implican esas tres palabritas. Para la ciencia, para Francia, también para los Annales y para mí mismo. Desde hace veinticinco años, Bloch se dirigía a mí cada vez que una dificultad grave se levantaba ante su conciencia de hombre o de sabio. Del mismo modo, yo me dirigía a él cada vez que tenía necesidad de acercarme a un hombre, a un firme juicio de hombre. A veces nos chocábamos, tan cercano y diferentes el uno del otro. Nos echábamos en cara, recíprocamente, nuestro "mal carácter"; después nos reecontrábamos, más unidos que nunca, en el odio común a la mala historia y a los malos historiadores -y a los malos franceses que también fueron malos europeos. Ahora me quedo aquí, como un árbol al que el rayo ha despojado de la mitad de sus ramas. Tanto peor: digo las palabras que él mismo habría pronunciado si nuestros destinos hubieran sido inversos: más que nunca los Annales deben continuar. Esos Annales en los que, hasta su último día de libertad, Marc Bloch no dejó de pensar y de trabajar, robando a su trabajo cansador el tiempo para escribir esas notas, esas últimas notas que, a pesar de las censuras, yo hacía pasar con la firma de "M. Fougères".
Los Annales continúan. Mientras duren, algo de Marc Bloch permanecerá entre nosotros, vivo, activo, fecundo.
Lucien Febvre

jueves, 9 de marzo de 2017

LA BATALLA DE CAUCETE

Soldados del Chacho Peñaloza tomados prisioneros por Irrazábal en la Batalla de Caucete, 1863. AGN, Documento Fotográfico. Inventario 24849.



El 30 de octubre de 1863, las tropas de Ángel Vicente Peñaloz se enfrentaron con las de Pablo Irrazabal, quien impidió, con su victoria, que las tropas riojanas invadieran San Juan, por entonces gobernada por Domingo Faustino Sarmiento. Fue una de las batallas más cruentas libradas entre los riojanos y el ejército que que trataba de imponer el nuevo orden liberal, luego de la unificación de Buenos Aires y la Confederación
12 días después, el Chacho fue sorprendido en Olta en donde fue asesinado. Su cabeza fue exibida en la punta de una lanza en la plaza del pueblito de Olta, para escarmiento de sus gauchos.

sábado, 16 de julio de 2016

REFLEXIONES EN TORNO AL BICENTENARIO
María Mercedes Tenti
Dra. En Ciencias Sociales


Generalmente, en ocasiones de festejos y aniversarios de fechas patrias, se exacerban los sentimientos nacionales en pos de construir una memoria colectiva sobre ideas de unidad y consenso. Cuando se reunió el Congreso de Tucumán en 1816, nada estaba más lejos de conseguirse que esa unidad tan mentada. Las denominadas Provincias Unidas del Río de la Plata estaban más desunidas que nunca: el Litoral fragmentado por la influencia de Artigas, las ciudades del Noroeste y Cuyo luchaban por la elección de gobiernos que respondieran a sus necesidades y fueran autónomos en la toma de decisiones, mientras que, desde el Poder Ejecutivo nacional -el Directorio y el Congreso- se buscaba la centralidad y el orden. Desde el exterior, el regreso de Fernando VII al trono y el triunfo de las fuerzas realistas en el norte y Chile constituían una amenaza permanente.
Conseguir que el Congreso reunido en Tucumán declarara la independencia de las Provincias Unidas de Sud América fue un avance en pro de la conformación de una nación que costaba conformar y de una unidad difícil de conseguir. Los congresales dieron un paso adelante tras estos objetivos y si bien cortaron los vínculos con “el rey de España, sus sucesores y metrópoli” y con “toda otra dominación extranjera”, tuvieron que pasar casi cuarenta años para que el país se organizara constitucionalmente y acordara la forma de gobierno.
La invención de las tradiciones, al decir de Hobsbawm,  fue un elemento importante de estabilidad en sociedades en proceso de cambio. Justamente, la sociedad argentina, en permanente cambio desde el siglo XIX, estuvo y está sujeta a los vaivenes de la construcción de tradiciones, tanto a nivel nacional como en ámbitos locales y regionales; invención de tradiciones  que parte de estructuras gubernamentales y sectores de poder, sin tomar en cuenta la participación efectiva de los distintos actores sociales involucrados.
Hoy la independencia que la sociedad necesita abarca múltiples perspectivas.  No sólo pensamos en la independencia política respecto de alguna potencia extranjera, sino también la independencia económica que subordina a otras metrópolis o centros de poder; la independencia cultural, no desde la óptica del aislamiento, sino, por el contrario, aquella que pretende hacer valer, en este mundo globalizado, el multiculturalismo y la diversidad cultural como componentes propios de la sociedad plural que aspiramos formar. En el ámbito interno se anhela la real independencia de los poderes del Estado, la independencia de la prensa respecto de los poderes públicos o de las corporaciones, la independencia y el respeto por los valores individuales y colectivos y la aceptación de las diferencias en una sociedad plural e igualitaria.
A doscientos años de la declaración de la independencia, la Argentina se encuentra con un período prolongado de continuidad democrática, con  marchas y contramarchas en lo                 que respecta a las políticas económicas y sociales y a su inserción en el mundo, pero como mayor involucramiento de la ciudadanía en los problemas que competen a todos. Quizás debamos repensar las normas y prácticas ritualizadas vigentes, instauradas con el propósito de inculcar valores que, en muchos casos, no concuerdan con la realidad objetivada, y podamos configurar prácticas entre todos los sectores involucrados, que reflejen más acabadamente el sentir de la sociedad toda.

Publicado en Nuevo Diario

domingo, 26 de julio de 2015

LA REFORMA DEL ESTADO SANTIAGUEÑO

 La reforma del Estado santiagueño. La gestión política en los 90’ (2005): (291 Pág.). Universidad Católica de Santiago del Estero; Santiago del Estero; Declarado de interés parlamentario por el Honorable Senado de la Nación (2008).


sábado, 25 de julio de 2015

LA SANCIÓN DE LA FECHA FUNDACIONAL DE SANTIAGO DEL ESTERO

Publicado en el Suplemento Especial de El Liberal, Santiago del Estero, 25/07/2015

Dra. María Mercedes Tenti[1]
En la primera mitad  del siglo XX comenzó a plantearse entre historiadores e intelectuales -primero tímidamente y luego con más fuerza- la necesidad de establecer el fundador y la fecha fundacional de la ciudad más antigua del territorio argentino, Santiago del Estero. La polémica fue agudizándose a medida que comenzaba a promediar el siglo y se aproximaba la posible fecha de celebración del cuarto centenario de la fundación.
La disputa se originaba a raíz de no haberse encontrado en los archivos coloniales actas de las fundaciones de El Barco y de Santiago del Estero, por lo que quedaban muchas preguntas por responder. Lo que se sabía era que la ciudad de El Barco había sido fundada por Juan Núñez de Prado en 1550, luego de una expedición enviada desde el Perú por el Lic. La Gasca y que a posteriori de dos traslados –el último a orillas del río del Estero- arribó por estos lares Francisco de Aguirre, enviado por Francisco de Valdivia, desde Chile, con el propósito de apropiarse de esta ciudad mutante, por problemas de jurisdicción entre almagristas y pizarristas, y anexarla a territorio chileno como una nueva entidad jurídica.
Las discrepancias entre nuñezpradistas y aguirristas se fueron agudizando al aproximarse los años del cuarto centenario en disputa. Entre los primeros se destacaba, por estos lados,  el historiador mercedario, Eudoxio de Jesús Palacio, quien publicó varias obras –las principales A orillas del río Dulce y Cuarto centenario de la fundación de Santiago del Estero 1550-1950- en las que afirmaba que el fundador era Juan Núñez de Prado y la probable fecha fundacional, en junio de 1550. Entre los segundos, principalmente los historiadores santiagueños Andrés Figueroa y Alfredo Gargaro, sostenían la fundación por parte de Francisco de Aguirre, en julio de 1553.
Por entonces gobernaba la república Juan Domingo Perón, desde 1946, por un período de seis años como lo establecía entonces la constitución. Para incluir la reelección, los derechos de los trabajadores y otras modificaciones, se reformó la Carta Magna en 1949 y, luego de ella,  Perón fue reelecto en 1952. Su compañera, Evita, ya en 1950 había iniciado el camino de la penosa enfermedad que la llevó a la muerte el mismo año en que su esposo asumió nuevamente la presidencia.  En ese marco el establecimiento de la fecha de la fundación santiagueña pasaba a segundo plano.
En 1947 la Junta de Estudios Históricos, presidida por el historiador Alfredo Gargaro, a pedido del gobierno provincial,  encomendó a una comisión especial el estudio documental y bibliográfico para dictaminar sobre el tema. Con el apoyo académico y económico de la Academia Nacional de la Historia, Gargaro visitó diferentes archivos,  en particular en Chile, en los que encontró documentación que, a su juicio, ratificaban lo escrito en  las actas capitulares de Santiago del Estero de 1774 y 1779  y  daban cuenta, según su interpretación, que el fundador de la ciudad era el conquistador Francisco de Aguirre y la fecha fundacional el 25 de julio de 1553. Basándose en estas  actas se dictaminó fecha y fundador, dictamen avalado por la Academia máxima nacional y confirmado por un decreto del Poder Ejecutivo provincial del 10 de noviembre de 1952.
Con estas sanciones legales se prepararon los fastos celebratorios en agosto de  1953, con la visita de Juan Domingo  Perón y la celebración del Primer congreso de Historia Argentina, inaugurado en el teatro 25 de Mayo con la presencia del presidente y autoridades nacionales, el gobernador Francisco Javier González, el embajador de España Manuel Aznar y Zubigaray y el Historiador Ricardo Levene –presidente de la Academia Nacional de la Historia, por entonces intervenida por el Poder Ejecutivo nacional- entre los más destacados.
La visita del líder peronista fue de gran lucimiento. A su llegada Perón constituyó el gobierno nacional en en la ‘madre de ciudades’, en donde el intendente Hugo Ruiz Taboada le hizo entrega de la llave de oro de la ciudad. Además de los actos multitudinarios, el primer mandatario realizó inauguraciones emblemáticas como la de la actual casa de gobierno, del Hogar Escuela 24 de febrero, la Escuela Nacional Mixta Manuel Belgrano, el portal de entrada a la ciudad y el Hospital de La Banda, entre las más destacadas.
Sin lugar a dudas lo más impactante para los santiagueños fue el imponente desfile cívico militar, organizado a lo largo de la calle Irigoyen. Primero pasaron las tropas militares, navales, la aviación militar, el liceo militar de Córdoba, el regimiento 18 de Infantería, los trabajadores representados por la Central Obrera, la Escuela Sindical y la de Capacitación, los gremios de la provincia y de otras vecinas, la mujeres de la Cruz Roja, los boy scouts de Tucumán, atletas venidos desde Frías, los hacheros del monte santiagueño con sus sombreros, pañuelos al cuello, bombachas, alpargatas y sus hachas en bandolera. No faltaron las carrozas alegóricas, con el tradicional rancho santiagueño, la representación de la conquista y San Francisco Solano, entre otras, matizados con canciones y danzas santiagueñas.
Luego de la clausura de las celebraciones, Perón regresó a Buenos Aires desde la estación ferroviaria de La Banda, despedido por una multitud que lo aclamaba. A su juicio Santiago, fundadora de pueblos, gloriosa y humilde, era un estímulo y ejemplo para todos los argentinos.  Fecha y fundador de la ciudad quedaron sancionados por dictámenes y actos celebratorios. Sin embargo, los interrogantes subsisten y no debe considerarse agotadas las investigaciones sobre la materia.





[1] Historiadora, investigadora y docente de grado y posgrado de la UNSE, UCSE e UNLaR.

lunes, 3 de noviembre de 2014

DESAFÍOS PARA AMÉRICA LATINA EN EL SIGLO XXI

María Mercedes Tenti
La denominación de América Latina, si bien es comprensible desde el punto de vista geográfico, como la región ubicada al sur del río Grande, encierra también categorías relacionadas con la política, con las relaciones internacionales y con la historia, que hacen que vaya más allá de esta conceptualización e incluya un conjuntos de países, ex colonias españolas y portuguesas, aunque también francesas, inglesas y holandesas si abarcamos,  además,  el Caribe.
La primera idea emergente de homogeneización se atomiza si consideramos la diversidad de lenguas, incluyendo a las autóctonas y a los dialectos regionales -a pesar de la preeminencia del idioma español-, heterogeneidad de razas, de escenarios, de paisajes; una pertenencia común y, a la vez, divergencias y tradiciones que separan pero que, paradójicamente, también aglutinan. En esta construcción dialéctica se enuncia esta América Latina del siglo XXI, que emerge en nuevos escenarios globales, buscando posicionarse de otra manera frente a la comunidad de las naciones.
Hacia fines del siglo pasado, el subcontinente se enfrentó  con dos grandes desafíos: por un lado,  poner fin a los gobiernos dictatoriales que violaron sistemáticamente no sólo los derechos ciudadanos, sino y, especialmente, los derechos humanos,  vulnerados y pisoteados tras la concreción de modelos burocráticos autoritarios, basados en el poder pretoriano de la fuerza. La transición democrática no fue tarea sencilla, sino más bien fruto de negociaciones, acuerdos, marchas y contramarchas, además de pedidos y reclamos,  primero de algunos sectores minoritarios y, luego,  producto de movilizaciones sociales y políticas, que demandaban la democratización de la política y también de las relaciones sociales.
De la mano de la transición vino luego la consolidación democrática, afianzando los derechos humanos, fortaleciendo los derechos políticos, con intervenciones periódicas del pueblo elector para convalidar a los gobiernos y sus autoridades a través de elecciones y para participar en referéndums -en algunos casos-  sobre cuestiones de interés particular; todo esto condujo a la involucración más directa de la ciudadanía.  Más allá de los avances en este sentido, en cada país, en el 2010, tanto en la Cumbre de Guyana –en la reunión de la UNASUR- como en la XX° Cumbre Iberoamericana realizada en Mar del Plata, los países latinoamericanos participantes ratificaron la defensa al sistema y a la continuidad democrática y la concreción de medidas colectivas en casos de intentos de violaciones al orden institucional en la región, puesto de manifiesto en acciones concretas como en el caso paraguayo y en el venezolano.
El segundo desafío surge en el plano económico. Las últimas décadas del siglo XX dejaron profundas huellas en la economía de América Latina y el Caribe, como consecuencia de la aplicación de políticas neoliberales -impuestas por el denominado Consenso de Washington- y la intervención directa de los organismos financieros internacionales (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional) en el diseño de políticas de apertura aduanera y de ingreso irrestricto de capitales y empresas transnacionales, que aceleraron el proceso de desindustrialización. A todo esto debemos agregar los denominados “daños colaterales”, que provocaron desocupación, pobreza y exclusión social, en grado nunca visto hasta entonces en la región, como consecuencia de la aplicación del capitalismo salvaje que trajo aparejado, además,  el endeudamiento de las naciones periféricas y la mayor sujeción a las decisiones del centro.
Hoy se discuten las concepciones de desarrollo desde otras miradas, más cercanas a pensamientos locales o de la mano de teorías  decolonizadoras;  propuestas desarrollistas de la CEPAL, que plantean mayor integración y apertura de la economía al interior de la región y con el resto del mundo-, y otras propuestas más globales que buscan mercados alternativos en países con economías emergentes. El abanico es amplio. Dentro del denominado grupo BRICS -formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica-  que constituye el conjunto de países más adelantados entre los Estados con economías emergentes, un país sudamericano, Brasil, ocupa uno de los primeros lugares a nivel mundial, por el marcado crecimiento económico operado en las últimas décadas. Sin embargo, las asimetrías al interior de esos países, subsisten.
 En el plano económico,  la situación de las naciones latinoamericanos no es homogénea, como tampoco lo son los escenarios que se abren en perspectiva futura. Si bien hay intentos por avanzar hacia un sistema comercial internacional más abierto y equilibrado, las desigualdades regionales y al interior de cada país, muestran distintas realidades y diferentes propuestas de soluciones.
El MERCOSUR, unión aduanera pensada en los 80’, entre los países del cono sur de América del Sur, a pesar de la incorporación reciente de Venezuela, todavía constituye una unión imperfecta porque, más allá de las declaraciones conjuntas y algunos avances en el comercio interregional, subsisten tensiones no resueltas al interior de dicho comercio. Tanto Argentina como Brasil, los países inicialmente más desarrollados del Mercosur, no encontraron todavía soluciones factibles para beneficiar a los países de menor desarrollo como Paraguay y Uruguay. Por otro lado, Brasil no asume los costos de la integración del sur de América del Sur y mira más hacia el Asia. En general, faltan proyecto de integración con infraestructura que permitan mayor conexión a través de rutas más directas y en buenas condiciones, además de redes más eficaces de distribución de energía eléctrica.
Con la incorporación de Venezuela, si bien se abrió una perspectiva de ampliación de la integración, afloró la rivalidad entre Caracas y Brasilia por lograr la supremacía en la distribución de energía, rivalidad que se ahondó luego que Argentina, Bolivia y Venezuela firmaran un acuerdo en el 2007,  para crear la Organización de Países Productores y Exportadores de Gas de Sudamérica (OPEGASUR), que puso fin al proyecto chavista del Gasoducto del Sur, orientado a la integración de productores y consumidores de la subregión. Con Evo Morales se afianzaron los vínculos de cooperación energética de Bolivia  y Venezuela,  para el control de la actividad petrolera por parte de los estados nacionales.
Por otro camino, los países del área del Pacífico, como Chile, Colombia y Perú, ratificaron el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, socio tradicional que no quiere abandonar los mercados conseguidos en el siglo pasado. Por otra parte, se encuentra la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), organismo intergubernamental que, continuando el proceso iniciado por la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), promueve la expansión de la integración de la región, a fin de asegurar su desarrollo económico y social. Su objetivo final es el establecimiento de un mercado común latinoamericano. La ALADI, está integrada por trece países miembros (la mayoría de América del Sur) a los que se sumaron Cuba y Panamá.  Estos y otros tratados, si bien intentaron construir un escenario geopolítico que les permitiera dar mayor peso a la región en el contexto mundial, no lograron su consolidación; permanece la visión de un espacio subdesarrollado   o ‘emergente’, que no termina de modificar su situación marginal.
Los últimos esfuerzos apuntan a construir un proyecto político latinoamericano con el propósito de recuperar instituciones, naciones y bloques de integración, tal el caso de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) que intenta generar políticas públicas conjuntas para un desarrollo endógeno, que vigila la estabilidad democrática de la región y que la revaloriza con su potencial,  en múltiples aspectos : territorial, energético, biodiversidad, producción de agroalimentos, riqueza pesquera y potencial humano. Con esta perspectiva también surgieron la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA, integrada por Ecuador, Venezuela, Bolivia, Cuba, Dominica, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda, y Santa Lucía) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), espacio regional que reúne a todos los Estados de América Latina y el Caribe y aspira a ser una voz única de decisión política y de toma de decisiones donde se estructuren programas políticos y de cooperación en pro de la integración regional. Fue constituida en 2010 e institucionalizada al año siguiente.  
Sin embargo, frente a estos intentos de uniones y políticas conjuntas tenemos que reconocer también cierta rivalidad y desconfianza mutua entre países por cuestiones no resueltas, como las que persisten entre México y Brasil, Argentina y Uruguay, Colombia y Venezuela.  Frente a los desafíos de la globalización urge que los países den pasos más firmes para su integración regional en el mediano plazo, más allá del signo político gobernante en cada uno de ellos. Frente al avance de políticas globales impulsadas por los países centrales, América Latina, como región periférica, continúa, en algunos aspectos, estancada y dividida.
Las políticas económicas globales, más la necesidad de alimentos de países densamente poblados como China e India, si bien reportan beneficios económicos a la región en lo que respecta a sus exportaciones, primarizó, sin embargo,  la  economía de América Latina, que centró sus exportaciones en producciones agropecuarias o mineras, con intervención de grandes empresas transnacionales.  Esto llevó al monopolio de, grandes pools transnacionales, de  la comercialización de productos para el agro y de la explotación minera con métodos no convencionales, que trajo de la mano la concentración de tierras y capitales y como consecuencia, el gran enriquecimiento de  unos pocos y el empobrecimiento de sectores campesinos, pequeños productores del campo y pueblos originarios, que se vieron expulsados de las tierras que habitaron por generaciones. Todo esto, sin analizar el desequilibrio en la balanza comercial que provoca el comercio con países asiáticos, europeos y los Estados Unidos que exportan, hacia esta región, las manufacturas que producen –desde maquinarias hasta tornillos- y solamente compran productos primarios, con poco o ningún valor agregado. Sólo Brasil logró un cierto desarrollo industrial relevante en el concierto de las naciones, gracias a políticas tomadas por gobiernos de diferentes signos.
Un párrafo aparte merece la explotación minera y de hidrocarburos en el subcontinente, la mayoría en manos de empresas transnacionales y explotadas con técnicas no aprobadas para aplicarlas en los países centrales, por el gran daño ecológico que producen y por su impacto directo en el paisaje, en los recursos de agua y, especialmente, en los grupos humanos que se ven seriamente afectados por el empleo de sustancias tóxicas –muchas de ellas cancerígenas- y la contaminación y el agotamiento del agua, imprescindible para la supervivencia de seres humanos, de vegetales y de animales.  No debemos olvidar que América Latina posee en su territorio el mayor reservorio de agua dulce del mundo, también codiciado por las grandes potencias.
En este contexto adquirió protagonismo Venezuela, durante la presidencia de Hugo Chávez, con su proyecto de construcción del gasoducto del sur, que conectaría Venezuela, Brasil y Argentina, con más de 9.000 km de extensión y la propuesta de una nueva institución financiera regional, el Banco del Sur (firmada su constitución por los presidentes de Brasil, Argentina, Venezuela, Bolivia, Uruguay, Ecuador y Paraguay, en el 2007) pero, a la fecha sin concreción efectiva.
Otro intento de acuerdo regional es la CAN (Comunidad Andina de Naciones), integrada por  Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, con fines de cooperación regional, de política exterior común, de acuerdos económicos y políticas sociales, actualmente bajo la presidencia pro témpore de Bolivia.
¿Qué propuesta superadora se puede anhelar para la región latinoamericana? Por un lado, que los países que la integran salgan de su aislamiento entre  los propios países, que logren  una mejor posición internacional en bloque, frente a las uniones generadas desde Europa, Asia o dede los Estados Unidos. Hasta ahora, más bien se optó –además de los intentos mencionados- por declaraciones en reuniones o fórums internacionales, en el terreno económico o en el campo político, y acciones  en casos de intento desestabilizadores de los gobiernos democráticos electos, importante todo, por cierto, pero insuficiente a la hora de hacer un balance en perspectiva global.
 Para este punto, los medios de comunicación juegan un papel significativo ya que ignoran la realidad del subcontinente, en la mayoría de los casos, salvo excepciones por parte de medios estatales de algunos países como Argentina, Bolivia, Venezuela y Ecuador, que brindan una visión más global, desde ópticas nacionales y latinoamericanas. Los pools mediáticos, generalmente, silencian lo que sucede en la subregión y sólo reflejan algunos aspectos parcializados de la realidad -tal el caso de  la expansión de la delincuencia y del narcotráfico- como una cuestión local y global  no resuelta, además de los intentos desestabilizadores puestos de manifiesto  a través de la manipulación de la información brindada desde sus cadenas monopólicas de medios de comunicación.
En el plano económico aparecen algunos países de América Latina en uniones internacionales más globales, como el Grupo de los Veinte (G20), que surgió para coordinar acciones de los Ministerios de Economía y Bancos Centrales, del que forman parte Argentina, Brasil y México, opuesto al Grupo de los 8 (G8) compuesto por los países más industrializados del mundo (Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Francia, Japón, Italia y Canadá, más Rusia) que constituyen una muestra del reparto económico del poder monetario y financiero a nivel mundial. En el 2008 surgió, como contrapartida, otro grupo, el de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que representa –como se dijo- a los países de economías emergentes.
En el plano político le resultó difícil a América Latina la institucionalización de una nueva política que fue consolidándose como respuesta al fracaso de las políticas neoliberales de los 80’ y los 90’. Nuevos gobiernos adjetivados como neopopulistas o nueva izquierda –categorías que podrían discutirse ampliamente-,  que rechazan las políticas neoliberales de fines de siglo, representados por Chávez y luego Maduro en Venezuela, Lagos y Bachelet  en Chile,  Lula y Dilma Rousssef en Brasil, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Tabaré y Mujica en Uruguay, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Lugo en Paraguay (luego derrocado) y algunos intentos más turbulentos y confusos en Centroamérica. Sólo México y Colombia aparecen como baluartes del neoliberalismo hasta la actualidad. En oposición a la orientación mercadocéntrica del modelo neoliberal, se puede decir que estos Nuevos Gobiernos oponen una fórmula combinada de más Estado dentro del Mercado; es decir buscan incrementar el crecimiento del mercado a través de la acción institucional del Estado, con medidas de nacionalización de recursos energéticos como en Venezuela, Bolivia y Argentina, entre otras tomadas en defensa de la soberanía económica.
Estos nuevos gobiernos de centro-izquierda, afianzados con el consenso social y estabilidad política, consolidaron su poder con elecciones y reelecciones y políticas redistributivas que permitieron salir de la pobreza a amplios sectores sociales. La confrontación política es, en gran medida, el origen de esta nueva política latinoamericana que permite la reproducción de liderazgos personales. La intervención estatal se profundizó en algunos sectores, pero conviviendo con servicios públicos concesionados o privatizados; las nuevas políticas conviven con la aldea global y formas económicas capitalistas.
La revalorización de la política constituye un aspecto altamente positivo para los cambios y transformaciones que se fueron dando en la región, al igual que la sanción de nuevas constituciones como las de Venezuela, Ecuador y Bolivia, y la continuación de las reformas en Brasil y Colombia, constituciones que incluyen la diversidad y heterogeneidad social de las formaciones culturales latinoamericanas. Estas nuevas cartas magnas reconocen ciudadanías pluriculturales y revalorizan a grupos sociales hasta entonces marginados,  como los pueblos originarios y los afro descendientes.
El desafío de estos Nuevos Gobiernos es conseguir el respaldo de mayorías electorales ante el avance de coaliciones de centro-derecha que amenazan con echar por tierra las conquistas logradas. Por otro lado, la mutación de los partidos políticos tradicionales en nuevos partidos, producto de alianzas electorales o coaliciones coyunturales, sin unidad programática, en algunos casos, y con pervivencia de prácticas electorales clientelares, en la mayoría, conduce a generar desconfianza sobre la disponibilidad del electorado para las nuevas opciones políticas, frente a los vaivenes de la crisis económica mundial y la capacidad de estas alianzas de lograr consenso; tal el caso de la incertidumbre de la reelección de Dilma Roussef.  La fragmentación del sistema de partidos conduce a la polarización política detrás de la figura de candidatos que cuentan con mayor apoyo del electorado, pese a que, a veces, resulta dificultoso reconocer claramente sus posiciones; últimamente se observan intentos –por parte de coaliciones de centro-derecha-  de cambiar la orientación de la política en el subcontinente.
Otra cuestión no resuelta por los gobiernos de centro-izquierda es la concentración del capital financiero, de la propiedad agraria y de empresas multinacionales que siguen manejando recursos energéticos y naturales, sólo enfrentados por movimientos minoritarios de campesinos, como los sin tierra en Brasil y el MOCASE en Santiago del Estero, entre otros. No son temas discutidos la reforma agraria y tributaria redistributiva, ni la protección de los recursos naturales.
Como conclusiones y a pesar de no haber agotado los desafíos con los que se enfrenta América Latina en el presente siglo, creo que debemos proponer para la región
1.       La consolidación de la democracia con más y mejor participación de la ciudadanía y de todos los sectores involucrados.
2.       Fortalecimiento de los acuerdos interregionales en el ámbito económico y político para que habilite a América Latina hacia una mayor y mejor inserción en la economía mundial, que conduzca a la ampliación del horizonte económico y le permita salir de la monoproducción de productos primarios.
3.       Facilitación y liberalización del comercio interregional.
4.       Planteos conjuntos de desarrollo,  en el marco de los procesos de decolonización,  y respetando las características nacionales y subnacionales, según sus intereses.
5.       Acciones conjuntas para superar las desigualdades sociales, que hunden a la mayor parte de las poblaciones en la pobreza y permiten la acumulación de grandes capitales en pocas manos, en desmedro de las mayorías, a pesar que en los países con Nuevos Gobiernos, a raíz de políticas distributivas, se posibilitó la inclusión social de amplios sectores excluidos. La lucha contra la pobreza debe ser encarada  entre todos los países  y multidimensionalmente.
6.       Diálogo abierto con actores transnacionales, pero también entre los países de la región y al interior de la sociedad civil, para la inclusión de políticas alternativas a la globalización diseñada por los países centrales.
7.       Generación de más políticas de integración, que contemplen la inclusión real de la población en el aparato productivo, con mayor y mejor educación y generación de empleos genuinos.
8.       Asumir, colectivamente los temas ambientalistas como imprescindibles para la preservación del  patrimonio natural y humano de la región.
9.       Cooperación científica y tecnológica entre los países de América Latina para generar, colectivamente, un cambio sustancial al respecto.
10.    Planteo de un neoregionalismo más incluyente, entre todos los países que integran América Latina y el Caribe, que permita a la región insertarse como tal en el sistema-mundo.

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