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miércoles, 26 de octubre de 2011

APORTE DE SANTIAGO DEL ESTERO A LA CONSTRUCCIÓN DE LA NACIÓN DESDE EL DISCURSO HISTORIOGRÁFICO DE ALEN LASCANO

María Mercedes Tenti

Panel en Homenaje a Alen Lascano 
en el primer aniversario de su fallecimiento 
Hoy trataré de analizar un aspecto poco indagado de la obra de Luis Alen Lascano, que es el aporte de Santiago del Estero a la construcción de la nación, visto desde su discurso historiográfico.
Su discurso fue construido desde el mito fundacional ya que indaga en los orígenes hispánicos de la ‘madre de ciudades’, de la ‘noble y leal ciudad’,  que no necesita, a su juicio, revalidar sus títulos y distinciones. En consecuencia, no interesa tanto quién es el fundador, preocupación que le inquietaba al historiador en un primer momento. Frente a los nuevos documentos sobre el tema, sacados a la luz en la década del 90’, emite su veredicto: Santiago del Estero y El Barco constituyen una continuidad histórica, una misma ciudad. Eso no le resta méritos, por el contrario, acentúa el esfuerzo de la gesta hispánica por mantener a Santiago del Estero  en un punto nodal para el poblamiento, comunicación, comercio y expansión hacia los cuatro puntos cardinales. En el relato queda plasmada su preeminencia como primera ciudad fundada en territorio argentino, cuna de la evangelización, de la educación, de la industria, sede de la primera gobernación, del primer obispado, germen de la primera universidad.
A partir del proceso revolucionario le interesa a Alen colocar a Santiago en un lugar de privilegio dentro del concierto nacional, más allá de las luchas intestinas que, en la mayoría de los casos, la hicieron permanecer en los márgenes de la arena política, económica y social del país en construcción. Enfatiza la figura de Juan Francisco Borges como precursor de la autonomía, aún antes del proceso autonómico, para centrar su atención en la imagen rectora de Juan Felipe Ibarra, gestor de la autonomía provincial, detentor de los principios federales,  aliado de Rosas. Con ‘Juan Felipe Ibarra y el federalismo del norte’ Alen Lascano entra por la puerta grande del revisionismo histórico argentino.
Como contraposición a la etapa ibarrista señala la contra-cara del federalismo en la provincia, los Taboada, liberales, aliados de Mitre, aunque supieron virar de alianzas según las circunstancias; los contra-héroes se oponen al héroe provincial.  A pesar de su postura antiliberal en este caso,  destaca luego, hacia fines del siglo XIX y principios del XX, las políticas liberales de Absalón Rojas y Antenor Álvarez, hombres que, desde su perspectiva, bregaron por restablecer a la provincia su destino de grandeza cercenado, aunque resultara nuevamente frustrado por injerencias externas, ajenas al ámbito local.
Como radical de ideas y militancia destacó el proceso de gestión, desarrollo y llegada al poder del radicalismo en la provincia, sin evadir los conflictos internos y las pujas de poder. Para Alen Lascano fue Santiago Maradona quien pudo plasmar a nivel local las ideas yrigoyenistas, aunque, una vez más, las iniciativas de cambio fracasaron como consecuencia del golpe de estado de 1930.
La segunda mitad del siglo XX está narrada sólo en treinta páginas de su voluminosa Historia de Santiago del Estero. Quizás no pudo desprenderse de aquella concepción tan arraigada en los historiadores de su generación, de no incursionar en  lo que hoy denominaríamos historia actual o del presente. Posiblemente, le costaba tomar distancia de esa contemporaneidad que había transitado desde  la función pública, desde los medios de comunicación o desde la cátedra y de su participación directa como intelectual y ciudadano comprometido con su tiempo.
En la obra de Alen Lascano se advierte su preocupación por entender la conformación de la nación a partir de la afirmación de la provincia, de allí que privilegió su pertenencia local dentro del ámbito nacional. Contribuyó a la construcción de la santiagueñidad, que se construye de diferentes maneras, una de ellas,  destacando  aquellos santiagueños que trascendieron las fronteras de la patria chica y que proyectaron la provincia más allá de sus límites geográficos. Sin lugar a dudas, los comprovincianos ilustrados que se distinguieron en el ámbito de las letras, las artes, la política, la diplomacia, contribuyeron a dar brillo y lustre a ese ‘ser santiagueño’, enmarcado dentro de su concepción nacionalista como parte importante del ‘ser nacional’. Entre ellos se destacan figuras señeras que ocuparon un lugar distinguido: Di Lullo, además de su obra, por su filiación ideológica católica y nacional, de quien se sentía su discípulo; La Brasa como colectivo intelectual que hizo trascender las fronteras temporales y espaciales al pensamiento santiagueño; Andrés Chazarreta que llevó el nativismo a la escena nacional, revalorizando el folclore como síntesis de la tradición hispano-criolla-mestiza.
Quizás esas figuras ilustres lograron vencer, en parte, las barreras que impidieron la proyección que merecía Santiago del Estero en el ámbito nacional. En su narración aflora siempre la dicotomía no resuelta Buenos Aires-interior. A pesar de  los despojos que sufrió la provincia,  amenazada por los intereses ‘foráneos’ que hicieron decaer las antiguas producciones artesanales, extrajeron los bosques vírgenes nativos a través de las vías férreas -que sesgaron pueblos de antigua raigambre-, sobre la base de la explotación cruel en el obraje, para introducir no sólo productos manufacturas sino ideologías y costumbres extrañas; sin embargo, pese a todo, no lograron modificar la idiosincrasia santiagueña que se mantiene inalterable a través de los siglos. La primera ciudad fue fagocitada por la ciudad-puerto aluvional, por la política liberal centralista que ahogaba los federalismos provinciales y por los intereses extranjeros, sin embargo siempre Santiago emerge  gracias al esfuerzo permanente de sus hombres y mujeres, en pos de la búsqueda de un futuro mejor.
La identidad y la pertenencia local están dentro del componente nacionalista que atraviesa su obra. La identidad es básica en la reproducción cultural como productora de subjetividades. Alen Lascano fue protagonista y, a la vez, delineador del proceso productor de la identidad santiagueña. Su visión muestra la dualidad integración-diferencia, particularización-homogeneización entre la provincia y la nación, entre el interior y Buenos Aires, como un eje dicotómico de oposición.
Su relato identitario nace solidificado a partir de la etapa fundacional y es la emancipación el punto de inflexión en que el proceso centralizador de Buenos Aires acentúa, a su juicio,  la etapa de despojos para Santiago del Estero: la madre de ciudades que se desgranó en pos de brindarse a sus hijas, las otras ciudades fundadas a su costa y esfuerzo, la del pasado glorioso, despojada y no reconocida, la de su aporte silencioso a la construcción de la nación, a la que se había frustrado su destino de grandeza.
Alen Lascano, con la búsqueda de un espacio distintivo para Santiago del Estero dentro del concierto nacional, afianzó el proceso de construcción identitaria provincial a la par que, como historiador, reforzó  su propia legitimación nacional, alcanzando el máximo reconocimiento con su incorporación a la Academia Nacional de la Historia.
La obra de Alen a lo largo de su extensa producción historiográfica contribuyó a apuntalar el panteón de los héroes locales: el obispo Trejo y Sanabria y María de la Paz y Figueroa, por sus obras y sus raigambres criollas, Manuel Belgrano con su ascendencia santiagueña, Borges como precursor e Ibarra como realizador y consolidador de la autonomía provincial, los contra-héroes Taboada ejecutores del liberalismo en el norte, Rojas, Álvarez, Maradona, por sus realizaciones, a pesar que muchas terminaron frustradas. Del siglo XX destaca figuras como Homero Manzi y Ramón Carrillo en otros ámbitos, de la cultura y de la salud pública, que asentaron, aún más, la presencia nacional santiagueña.
La Historia de Santiago del Estero de Luis Alen Lascano contribuyó a consolidar el espacio provincial dentro de la historia de la nación argentina. Lo nacional está imbricado con lo provincial, la argentinidad con la santiagueñidad, se entrecruzan el foco identitario nacional con el local. Desde la conquista hasta nuestros días la historia local fue una historia de usurpaciones, pero, que no por ello, opacó la acción de sus hijos que lucharon por colocarla en un lugar que la distinguiera del resto del concierto nacional.
La visión totalizadora de la historia santiagueña de Alen Lascano, en la que se imbrican cuestiones políticas, sociales, económicas y culturales, logró, acabadamente, construir una historia global de la provincia, a través de un relato en el que se entrecruzan los acontecimientos nacionales como catalizadores o repulsores, como condicionantes o condicionados, pero que, sin embargo, no impidieron que la historia santiagueña cobrara, desde su perspectiva, vida propia. 
12 de octubre de 2011
Centro Cultural del Bicentenario

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