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domingo, 4 de septiembre de 2011

LORENZO LUGONES

Conferencia pronunciada en la Escuela de Policía Coronel Lorenzo Lugones de Santiago del Estero en junio de 2011


MARÍA MERCEDES TENTI
Hijo de Germán Lugones y de Petrona Trejo, nació en Pampallajta, Santiago del Estero, el 10 de agosto de 1796. Ingresó al ejército libertador a su paso por Santiago en calidad de cadete del cuerpo de Patricios Santiagueños creado por Juan Francisco Borges, a la edad de 14 años. Como era menor de edad y su padre tenía la patria potestad, él lo autorizó. Cuenta Lugones en sus Recuerdos Históricos, que su padre le escribió una carta en la que le decía que le remitía la cama y la ropa militar, además de la fe de bautismo, y una orden a la tesorería y comisaría del ejército para que se le abone la onza mensual que le asignaba según ordenanza, hasta que llegue a ser oficial. Muchos jóvenes se enrolaban en el ejército o eran entregados por sus padres, por la posibilidad de lograr un salario seguro y la posibilidad de un ascenso social. La asalarización de los ejércitos fue una posibilidad, para los jóvenes pertenecientes a antiguas familias capitulares, de encontrar una ocupación rentable y prestigiosa. de Su padre había estado con Borges en los enfrentamientos con el cabildo santiagueño, por la no adhesión a la Junta revolucionaria de mayo, en 1810.
El ejército marchaba sin preparación previa, mal vestido y mal alimentado, en medio de miles de penurias y vicisitudes y, aún así, se enfrentaban con el enemigo con coraje y valentía.
Estuvo con el ejército en Tiahuanaco, el 25 de mayo de 1911, cuando Castelli leyó la proclama de libertad para los indios del Alto Perú. En ella, otorgaba la libertad a los indios, los liberaba de los servicios personales y los consideraba ciudadanos. Esta lección de civismo, seguramente caló hondo en el joven Lugones.
En Yuraicoragua, en junio de 1911, tuvo su bautismo de fuego, donde fue derrotado Viamonte.  Allí Castelli le entregó como distinción un cordón de plata, que, sumado al que tenía, llevó a que lo apodaran el cadete de los dos cordones”. Luego del desastre de Huaqui, el ejército patriota, ya al mando de Belgrano, se replegó hasta Jujuy. Allí el creador de la bandera dispuso el éxodo jujeño, una epopeya colectiva bajo la presión y los deseos de libertad. El éxodo fue pensado como una medida de protección de los territorios y de dejar la tierra arrasada para que los realistas no pudieran abastecerse. Por convicción o cumpliendo órdenes, todos marcharon abandonando sus casas y pertenencias, llevando en carretas lo que podían cargar, arriando mulas y ganados e incendiando cultivos.
Lugones marchaba atacando desde los flancos. Cuenta el temor que infundían las medidas severas en contra de los desertores que eran fusilados. Participó en el combate de Las Piedras, Tucumán, Salta, Ayohuma, Puesto de Marquez, Venta y Media, Vilcapugio y Sipe-Sipe, hasta alcanzar el grado de capitán. Así fue ascendiendo a medida de su participación en la campaña.
Refiriéndose a la batalla de Las Piedras, luego del éxodo jujeño, describe la actuación de la sociedad civil y ejército mancomunado:
“Emigrados de Jujuy y Salta, peones de servicio, comerciantes y cuántos más venían a la par del ejército, todos tomaron parte en aquel glorioso lance que dio vida a la patria. El enemigo, completamente ofuscado, huía en desordenados trozos, sin mirar en lo que dejaban atrás; fue perseguido con el mayor rigor el espacio de una legua, dejando en todo el camino muchos despojos, prisioneros, heridos y cadáveres; más de cien prisioneros de los nuestros lograron escaparse, rescatamos las carretas que poco antes nos habían tomado y por último pudimos recuperar en mucha parte nuestras pérdidas” (…) “El triunfo hizo desaparecer de golpe la fatiga, el cansancio, el hambre, la sed y el desaliento; en aquellos momentos de alegría inexplicables, no se pensaba más que en las glorias de la patria”.
Luego de la victoria de Tucumán, teniendo en cuenta sus méritos en la batalla, Lorenzo Lugones fue ascendido a porta-estandarte del regimiento de Dragones, aún siendo menor de edad. Pensemos que los enfrentamientos eran bastante desordenados. El ejército realista era disciplinado y adiestrado y debía enfrentarse a las tropas criollas poco preparadas, a pesar de los esfuerzos de Belgrano, en parte indisciplinadas, montadas en mulas y caballos y con armamentos dispares.
Estos pormenores los conocemos no sólo por Recuerdos Históricos del propio Lugones, sino también por las Memorias de Paz y por las de La Madrid. Teniendo en cuenta unas y otras podemos hacer un parangón y tratar de clarificar la misma. Recordemos que cada quien que escribe sus “Memorias” lo hace para dejar a la posteridad su actuación y, en consecuencia, la misma está sesgada por el interés de lo que quiere mostrar. Sin embargo, las mismas son un documento importante para el historiador.
Después del triunfo de Tucumán estuvo junto a Belgrano en el juramento a la bandera a orillas del río Pasaje que, por ese glorioso momento, pasó a denominarse Río Juramento. Así describe Lugones el momento:
“Habiendo el ejército formado en parada conforme a la orden general, se presentó en el cuadro, Belgrano con su bandera blanca y celeste en la mano que la colocó con mucha circunspección y reverencia en un altar situado en medio del cuadro (…) y concluyó diciendo: Este será el color de la nueva divisa con la que marcharán a la lid los nuevos campeones de la Patria (…) El ejército ratificó su juramento besando una cruz que formaba la espada de Belgrano, tendida horizontalmente sobre el asta de la bandera (…) A distancia de cien pasos del paso del río, sobre la ribera que gira al oeste, a la altura de un notable barranco, había un árbol que por su magnitud se distinguía sobre todos los de sus cercanías; limpiando una parte de su corteza, hacia media altura de un hombre, en medio de un círculo de palma y laurel, dibujado en el tronco del árbol se garbó una inscripción que decía; Río del Juramento, y más abajo la siguiente estrofa:
Triunfaréis de los tiranos
Y a la patria daréis gloria
Si, fieles americanos
Juráis obtener victoria”.
Durante la jefatura de Belgrano al frente del ejército del norte, Lugones fue ayudante de campo de creador de la bandera.
Pero no todo era gloria. Luego de la derrota de Vilcapugio, Lugones continúa con su relato, esta vez desalentador: “No me detendré en los pormenores de cuanto padeció y sufrió en esta campaña el ejercicito auxiliar: Entre las remesas de abastos que nos hicieron de Potosí y Chuquisaca, se encontró una porción considerable de chalonas y charquis podridos, que los rancheros no  podían hacer uso sino a costa de mucho trabajo entresacando lo mejor y despreciando la mayor parte: sin embargo el general mandaba repartir esos charquis un día si y otro no, hasta que se acabase la mala provisión”.
En diciembre de 1816, Lugones unió a Borges y Goncebat en lo que se conoce como el segundo intento autonomista de Borges. Derrotado Borges en Pitambalá, fue condenado por Belgrano a morir fusilado, según las órdenes del Congreso de Tucumán que establecían que, en caso de revueltas internas fuesen así tratados quienes atentasen contra el orden. Sólo podían ser indultados los reos “menos principales”. Lugones fue perdonado por Belgrano, estuvo cuarenta días en prisionero y fue degradado como castigo, perdiendo su rango y sólo permitiéndole continuar en el ejército como “aventurero”.
Esta forma data de la dominación española; según una antigua ordenanza se permitía la existencia de aventureros en el ejército. Eran individuos que entraban voluntariamente a la milicia a servir al rey, sin sueldo ni gratificación alguna. Se mantenían a su costa y eran tenidos en poca estima.
Aún así continuó luchando en el ejército libertador, participando en las luchas en el Alto Perú bajo las órdenes de Belgrano. Luego de la batalla de la Tablada, y debido a su actuación, recuperó su jerarquía militar y continuó luchando hasta la pérdida definitiva del Alto Perú, en Sipe Sipe.
Colmado de gloria pero pobre, regresó a Tucumán, en donde se casó en 1818 con Eulalia Drago. Después de la crisis del año 20, Lugones participó de las guerras civiles aliado con sus antiguos jefes, Aráoz de La Madrid, José María Paz y Lavalle, del bando de los unitarios y en contra de los caudillos federales, primero Facundo Quiroga, Juan Felipe Ibarra y luego Juan Manuel de Rosas. Así participó en las batallas de La Tablada y Oncativo, en 1830.
Luego de firmado el Pacto Federal, en el mismo años, la guerra civil se agudizó. Lugones pasó a luchar por la Liga unitaria. Derrotada esta, partió al exilio en Bolivia. En 1832 regresó a Tucumán cuando el coronel Alejandro Heredia asumió como gobernador. Si bien se mantuvo al margen de las luchas intestinas fue confinado a prisión por su antigua participación y luego, liberado. Se trasladó a Buenos Aires en donde se dedicó al comercio.
Comisionado La Madrid por Rosas, en 1840, a traer armamentos de Tucumán, Lugones partió con su antiguo camarada y amigo y se plegó a la Coalición del Norte. Posteriormente  se sublevó Lavalle en el litoral y continuó hasta el norte, hasta que fue herido y muerto en Jujuy. Lugones tuvo que exiliarse nuevamente en Bolivia, donde mantuvo a su familia trabajando de panadero. Luego de un destierro de 12 años y, una vez producida la batalla de Caseros donde fue derrotado Rosas, regresó a Tucumán y más tarde a Rosario donde puso una agencia de negocios comerciales.
El presidente Urquiza le reconoció  por decreto el cargo de coronel de caballería con goce de sueldo en “disponibilidad”. Después de Cepeda, en 1859, se retiró definitivamente a Tucumán, donde murió en 1868.
Sus últimos años debieron ser tranquilos. La república ya estaba organizada, había caído Rosas contra quien luchó en sus últimos tiempos de actuación militar. Fue un hombre que luchó por sus ideales, aún a costa de postergar sus propias ambiciones personales y teniendo que sufrir destierros y degradaciones. La historia no está para juzgar a quienes vivieron en el pasado. Por el contrario está para comprenderlos dentro del contexto en que les tocó actuar. Así tenemos que intentar analizar la vida y obra de Lorenzo Lugones, un santiagueño destacado que antepuso su amor por la patria, la justicia y la libertad en pos de una Patria grande, única indivisible y soberana.

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