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sábado, 6 de agosto de 2011

¿CÓMO Y PARA QUÉ INVESTIGAR EN LA ARGENTINA DE HOY?



María Mercedes Tenti


           Cómo y para qué investigar en la Argentina de hoy es una pregunta que muchos investigadores e investigadoras, más o menos avezados, con mayor o menor experiencia, jóvenes y no tan jóvenes, nos hacemos en pos de encontrar líneas de respuestas que nos permitan seguir por este camino que elegimos por vocación y convicción, sin resultar por ello, sin embargo, menos tortuoso e intrincado.Indudablemente no hay modelos estándar de investigadores a los que podamos adherir para llegar a tener éxito en la no tan sencilla empresa de adentrarnos en el campo científico -propio de las distintas disciplinas- con el objeto de buscar responder a tantos interrogantes.
           Algunos manuales, con sus ‘recetas’ de investigación, intentan convencernos para adherirnos a una u otra corriente metodológica en boga, olvidando, en la mayoría de los casos, aconsejarnos como primer paso imprescindible introducirnos en la ‘cocina’ de la investigación y, de ser posible, bajo la tutela de un avezado maestro en el oficio. 
Adquirir el oficio de investigador no es tarea sencilla y como todo oficio que se precie de tal, necesita algo de inspiración, mucho de conocimientos previos y grandes cuotas de sudor y esfuerzo puestos al servicio de esa meta lejana que nos proponemos alcanzar. Lograr la experticia en el quehacer científico requiere, finalmente, transitar un largo y a veces duro aprendizaje, aunque no por ello menos deslumbrante y apasionado.
Pero, cómo articular este camino escarpado en una sociedad en crisis como la de hoy, en una sociedad inmersa en una compleja crisis multicausal que golpea también a los investigadores que encuentran, como consecuencia, cada vez menos incentivos en su trabajo, que tienen dificultades para recrear ámbitos de discusión e intercambio y espacios para dar a conocer a sus pares, y a la sociedad en su conjunto, el fruto de tantos esfuerzos.
La investigación científica se desarrolla sincrónicamente con el transcurrir de la sociedad que la produce: nace, crece y declina con ella. Sin embargo, la mayoría de las sociedades no muere categóricamente sino que asume nuevas formas en cuya proyección no son ajenos los científicos, los artistas, los creadores y en general todos aquellos que nos comprometemos  de una u otra manera, quienes creemos en la capacidad creadora y realizadora de los seres humanos individualmente y de las sociedades colectivamente y, en consecuencia, quienes estamos convencidos  de la posibilidad de generar un cambio.
Para poder proyectar un mañana mejor para las nuevas generaciones hay que partir de una comprensión cabal de los fenómenos sociales, políticos, económicos y culturales en los que estamos sumergidos; a través de la investigación se intenta encontrar respuestas, se busca el sentido de las cosas.  Por ello, este complejo camino de la indagación crítica, si bien carga con una gran cuota de trabajo solitario y silencioso, debe ser apoyado por instituciones oficiales y privadas, abriendo sus puertas a la discusión y al diálogo, renovando sus bibliotecas para socializar los nuevos saberes entre la comunidad de estudiosos en particular y entre el público lector en general -ávidos de nuevos conocimientos-, extendiendo el marco de discusión académica en un clima de pluralismo y respeto por la diversidad de pensamiento y, finalmente, relacionándose con otras instituciones similares del país y del exterior para lograr una mayor y mejor inserción en este  mundo dinámico y globalizado que se modifica día a día.
Nuevos problemas acucian permanentemente nuestras investigaciones, nuevos enfoques modifican y transforman investigaciones tradicionales, nuevos temas aparecen en el campo epistemológico como un desafío a nuestra creatividad. Cuando tomemos conciencia del relativismo del  conocimiento científico, los investigadores e investigadoras tomaremos también conciencia de que aún hay un largo camino por recorrer.
Mientras más jóvenes en crecimiento se incorporen a este ‘metiér’, el cambio y la transformación del conocimiento científico posibilitará, sin lugar a dudas, realizar un aporte concreto tras la utopía aún vigente -a pesar de los vaticinios de los profetas del fin de la historia- de tratar de modificar algo de este difícil y conflictivo presente. Este aporte implica, indudablemente, asumir compromisos frente a la sociedad y no consentir cómplices silencios.

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