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martes, 7 de agosto de 2012

LOS NACIONALISTAS ANTE EL GOLPE DE ESTADO DE 1930



María Mercedes Tenti

Introducción

Resulta difícil conceptualizar al nacionalismo ya que el concepto encierra significados diversos según se trate de una ideología, un grupo político o de un movimiento cultural. El nacionalismo surgió en Europa a comienzos del siglo XIX; puede tener distintas significaciones: la doctrina política que contempla el desarrollo autónomo de una colectividad; puede abarcar el dato psicológico y emotivo, como un estado de ánimo; puede también referirse a la idea de autodeterminación y autogobierno, en algunos casos a favor de un grupo privilegiado[1].
Si bien los nacionalistas nunca constituyeron un partido político, los intelectuales que profesaban las ideas así denominadas ejercieron importante influencia o actuaron como nexo en diversos sectores de poder, especialmente en los militares. Sus fuentes doctrinarias eran de diverso origen. Algunos se remontaban a las Siete Partidas de la España del medioevo, al carlismo español, o al franquismo,  otros imitaban las normas de Charles Maurras o admiraban a Benito Mussolini. La mayoría se mostraban tradicionalistas, con una fuerte adhesión al pasado, antipositivistas y algunos con marcada fidelidad al catolicismo.
En general, el nacionalismo es un fenómeno complejo, heterogéneo, y que varía según las distintas etapas históricas en que actuaron sus sostenedores. También implica una conciencia de pertenencia por parte de quienes así se definían, al mismo tiempo que un reconocimiento como tales por parte de quienes no compartían sus ideas.
Para Eric Hobsbawn, el sentimiento de pertenencia que permite consolidar la identidad colectiva, se establece según cuatro aspectos destacables: 1º) De manera negativa, al reconocer un ¨nosotros¨, diferente a un ¨ellos¨. Es decir, que se afianza no tanto a partir de las semejanzas entre quienes integran un grupo, sino desde las diferencias con el grupo opuesto.  2º) Las identidades son intercambiables o combinadas con diferentes características. 3º) No son fijas, se cambian y se modifican según las circunstancias. 4º) Dependen del contexto, que al igual que las circunstancias, se modifica[2].
Si bien genéricamente podemos dividir al nacionalismo en nacionalismo de elite y nacionalismo popular, integran el variado espectro de ¨los nacionalistas¨, tradicionalistas católicos,  filofascistas, nacionalistas doctrinarios, nacionalistas republicanos, de matriz laico – democrática, de base católica popular, de derecha, de izquierda, y varios otros, según la interpretación de los distintos autores que abordaron la problemática[3].
En el presente trabajo se pretende discernir el papel que jugaron los principales teóricos del nacionalismo en el golpe militar de 1930 que derrocó a Hipólito Yrigoyen del poder e inició una serie de golpes de Estado en la Argentina, en los que los militares desempeñaron un rol preponderante como grupo de presión y de poder. A partir de entonces las relaciones entre civiles y militares fueron más estrechas y contribuyeron a la persistencia de la debilidad institucional que caracterizó la mayor parte del siglo XX.

Los alegatos de Lugones

Leopoldo Lugones jugó un papel decisivo en la formación de la ideología del golpismo militar. Contribuyó en forma concluyente a crear un clima golpista tres años antes de producirse efectivamente el golpe de Estado de Uriburu, ya que en su lógica estaba planteado el nuevo tipo de correspondencia entre el poder civil y el militar. Esta correspondencia es la preocupación de Victoria Itzcovitz que investiga sobre la naturaleza de las estructuras sociales, políticas e ideológicas que condujeron a la consolidación del predominio de las instituciones militares[4].
A pesar de sus primitivas ideas anarquistas y socialistas de fines del siglo XIX y principios del XX, y de los cargos públicos que ocupó durante distintos gobiernos, incluidos los radicales, Leopoldo Lugones poco a poco fue desarrollando ideas nacionalistas, coincidentes con el desarrollo de concepciones antidemocráticas y fascistas en Europa, y como una reacción en contra de la revolución comunista rusa y su posible vinculación con los hechos de la ¨semana trágica¨ y de la ¨Patagonia trágica¨.
Para Lugones el país se enfrentaba a una doble amenaza, encarnada fundamentalmente en la inmigración extranjera, portadora de ideas anarquistas y maximalistas, y en la integración a la vida política de nuevos sectores sociales que desestabilizaban el orden imperante.
Sus críticas al sistema democrático se manifestaban en el odio exacerbado hacia los extranjeros que, a su juicio, actuaban respondiendo a una confabulación internacional que conduciría a una guerra nacional, por cuanto ¨no hay guerra civil con extranjeros¨[5], afirmaba. Su xenofobia se exteriorizaba permanentemente en sus escritos en los que proponía desde partir de una política inmigratoria selectiva, hasta la expulsión lisa y llana de aquellos considerados indeseables por sus ideas.
Con respecto a sus ideas políticas, descalificaba a la democracia mayoritaria, a las instituciones legislativas y a la propia constitución. Criticaba a la política y a los políticos, especialmente a los radicales y sentía una repulsa manifiesta por el ¨bajo pueblo¨, negándoles, en consecuencia, capacidad para elegir a sus gobernantes.
Otorgaba al ejército un papel jerárquico y aristocrático, y consideraba que había llegado ¨la hora de la espada¨, puesto que ésta era la única institución capaz de poner orden y jerarquía en la sociedad ya que contaba con la trilogía indispensable para ello: jerarquía, disciplina y mando[6]. Esta idea fue puesta de manifiesto en el discurso pronunciado en Lima en ocasión del centenario de la batalla de Ayacucho en 1924.
Consideraba que la amenaza venía desde el exterior, producto de la influencia del maximalismo. Por ello propiciaba la guerra a lo extranjero y la exaltación del amor a la patria, considerada como un bien de los argentinos. El pacifismo escondía el culto al miedo, de allí la importancia del ejército, la ¨última aristocracia¨[7].
En ¨La  grande Argentina¨, luego de señalar la incapacidad del pueblo para entender el plan de progreso de la república, por él planteado, señalaba como objetivo del gobierno asegurar el bienestar a través del orden, la libertad, la igualdad y la defensa. Para ello, el gobierno debía estar compuesto por los idóneos, y así el orden se transformaba en la imposición de la equidad[8]. Luego de unas ¨vacaciones políticas¨ por unos diez años, proponía reestructurar el aparato del Estado a través de una organización corporativa y verticalista de los tres poderes.

Otros alegatos

Miguel Carlés fue presidente de la Liga Patriótica durante veintiocho años. En su discurso ¨Salvemos el orden y la tradición nacional¨, pronunciado en la Sociedad de Beneficencia en 1919 enunciaba la trilogía básica de la asociación: ¨Dios, patria y hogar¨. Coincidía con la xenofobia de Lugones y, en oposición a la influencia extranjera, exponía la vuelta a la tradición y al ¨espíritu de la moral argentina¨[9].
El director de ¨La Nueva República¨, periódico nacionalista aparecido durante la presidencia de Alvear, era el entrerriano  Rodolfo Irazusta, influenciado por la derecha francesa (integralista) de Charles Maurras, al igual que su hermano Julio. Ambos cuestionaban el legado de la revolución francesa y se declaraban enemigos del liberalismo.
Para los Irazusta, la iglesia y el ejército (en esto coincidían con Lugones) eran quienes estaban desde la fundación de la patria. En un principio se mostraron enemigos del sistema democrático, aunque más adelante valoraron esta forma de gobierno, al igual que al ¨pueblo¨ que antes identificaban con el ¨populacho¨.
En el artículo sobre ¨La mejor forma de gobierno¨, escrito en ¨La nueva República¨ en 1928, Julio Irazusta mostraba a la Constitución como  fuente del caos y del desorden y consideraba que la democracia que se practicaba por entonces era el sistema más absurdo. La democracia era ¨la utopía, la abstracción¨. El gobierno republicano implicaba la aceptación de las diferencias, de la superioridad de la posición, de la cultura y de la edad. Se debía tender a un buen entendimiento entre trabajadores y capitalistas[10]. De allí su apoyo al sufragio restringido.
Entendía la república como cosa pública; pero no significaba la participación del pueblo. La democracia era una alteración del orden; en consecuencia, el desorden. Los partidos políticos debían sustentar ideas; por tanto las corporaciones eran quienes verdaderamente podían representar los intereses profesionales, económicos y sociales. Se debía poner fin a la ley Sáenz Peña, origen de la anarquía.
Rodolfo Irazusta emprendió un análisis de la constitución para entender la crisis de la república. Coincidía con su hermano en la concepción de república como cosa pública. Repúblicanismo y democraticismo no eran lo mismo; eran, a su juicio, antitéticos. En el gobierno representativo no había una delegación real del poder. La solución eran formas corporativas, según las cuales las elecciones debían darse entre hombres de igual condición social o profesional[11]. Federalismo y democracia también eran incompatibles; o se daba uno u otra.
En el programa de gobierno de ¨La nueva República¨, sus adherentes proponían  un sistema uninominal por circunscripciones, la derogación de la Ley Sáenz Peña y el establecimiento del voto censitario, un Código Penal más severo, inmigración selectiva, supresión de la enseñanza laica y respaldo al tradicionalismo.
En la revista ¨Criterio¨, de orientación católica,  colaboraron numerosos autores provenientes de sectores del nacionalismo católico entre los que descolló Ernesto Palacio, también jefe de redacción de ¨La nueva República¨. Palacio consideraba que los pueblos obedecían a las pasiones, no a la razón; en consecuencia, se equivocaban. Contrariamente no se equivocaban, cuando se oponían a un régimen o cuando aceptaban a quien velaba por el bienestar general (soberanía del pueblo). La satisfacción del bienestar del pueblo decidía la legitimidad o no del gobierno, aunque el pueblo no tenía discernimiento para distinguirlo. Como el pueblo no tenía ideas definidas, podía favorecer sin quererlo a un verdadero hombre de gobierno[12] .
Por entonces, su postura era antipopular y con tendencia a la dictadura. Su concepción era elitista y menospreciaba el rol del pueblo. Al final del artículo ¨El pueblo y la política¨, está la clave para entender su posterior adhesión al peronismo, ya que sostenía que el líder era capaz de encorsetar a la masa. El líder establecía los límites dentro de los que se movía la masa.

Conclusión
En general los autores analizados tienen un discurso clasista,  dirigido a una minoría intelectual. Planteaban una nueva relación entre sociedad civil y poder político en la que el papel del ejército como grupo de poder era decisivo. Establecían como objetivo principal modificar el régimen democrático vigente por un sistema corporativo en el que debían participar los más capaces o más representativos. En consecuencia, el voto censitario era imprescindible para garantizar la nueva República.
Coincidían en general en la crítica al parlamentarismo, especialmente Lugones, aunque Palacio proponía una suerte de restauración de las instituciones. Lugones se mostraba por lo general anticristiano, a diferencia de Palacio que militaba en el catolicismo, si bien al final de su vida, el primero,  adhirió a la religión católica. La xenofobia acentuada hacia los extranjeros está presente tanto en Lugones como en los Irazusta y Carlés.
Con referencia al trabajo de Itzcovitz sobre la ideología de Lugones, se advierten ciertas debilidades tales como que no indaga por qué caminos Lugones cambia de orientación de revolucionario a reaccionario. En su pensamiento se dan múltiples cruzamientos de ideas que el texto no analiza ya que se basa especialmente en las memorias de su hijo que, obviamente no son imparciales.
Quizás falta un estudio analítico de las distintas influencias literarias, filosóficas, etc. que condujeron a sus cambios de postura, además de la situación interna (semana trágica y rebelión de la Patagonia) y externa (revolución bolchevique), señalados como determinantes por la autora. Si bien destaca el ataque de los nacionalistas a la figura de Yrigoyen, quedan desdibujadas las causas de dicho ataque. En realidad se atacaba al sistema; se atacaba a Yrigoyen porque representa el sistema. Se atacaba, en definitiva,  al sistema democrático.
Los nacionalistas miraban al sistema político vigente como un régimen que había cercenado antiguas tradiciones (en los Irazusta se advierte una defensa encendida hacia el federalismo). Constituían una elite que respondía a los intereses de la clase propietaria, representados por un hombre fuerte - como Mussolini en Italia -, de ahí el apoyo a Uriburu.
Muchos de los postulados adoptados por los nacionalistas aquí analizados, fueron tomados por los militares que intervinieron en el golpe militar que derrocó a Irigoyen en 1930 y por otros que jugaron un papel preponderante en la política nacional a lo largo de muchos años. Si bien sus ideas no alcanzaron difusión entre los sectores populares, ya que no fueron capaces de galvanizar a las masas, gravitaron sobre todos los sectores políticos del país.
Se relacionaron especialmente con los militares y con la iglesia católica y, aunque en general representaban a la derecha, también ejercieron su influencia posteriormente sobre sectores de izquierda, con sus mitos, sus técnicas propagandísticas y su perfil ideológico. Asimismo los nacionalistas dejaron sus huellas en casi todos los aspectos de la vida pública como la literatura, el arte, el periodismo, la educación, además de la iglesia y la política ya mencionados.
En la actualidad, frente a un mundo globalizado, comenzaron a reaparecer antiguas formas remozadas de nacionalismo que ya se creían desterradas, tales como propuestas para transformar estados multi culturales en territorios mono – étnicos y mono – culturales[13], al decir de Hobsbawn, todo tras la búsqueda de nuevas identidades colectivas.
Sin embargo, estas formas nuevas de nacionalismo, no significan de ninguna manera una vuelta a posturas antiguas, sino que surgen como un fenómeno sociológico nuevo. De allí que su análisis debe realizarse con nuevos abordajes desde una perspectiva multidisciplinar y dentro del contexto en el cual se desarrollan.

 Publicado   en Revista La Fundación Cultural N° 52, septiembre de 2012, Santiago del Estero, p. 14-18.

Bibliografía

-          Barbero, María Inés y Devoto, Fernando; Los nacionalistas; Centro Editor de América Latina; Buenos Aires; 1983.
-          Bobbio, Norberto y Matteucci, Nicola; Diccionario de política. Siglo XXI. México, 1986.
-          Criterio; Buenos Aires; 12/9/1929; Año II, Nº 80.   ¨El pueblo y la política¨.
-          Criterio; Buenos Aires; 19/9/1929; Año II, Nº 81. ¨El pueblo y la política¨.
-          Hobsbawm, Eric; ¨La izquierda y la política identitaria¨, en Apuntes de investigación; CECYP; Nº 2/3; Buenos Aires, 1998.
-          Hobsbawm, Eric; ¨Nación, estado, etnicidad y religión: transformaciones de la identidad¨; en Anuario 16; Escuela de Historia; Universidad Nacional de Rosario; Rosario, 1994.
-          Itzcovitz, Victoria; ¨La ideología golpista antes de 1.930 (Los escritos políticos de Leopoldo Lugones)¨, en El bimestre económico social; Buenos Aires, 1986.
-          Rock, David; La Argentina autoritaria, los nacionalistas, su historia y su influencia en la vida pública; Ariel; Buenos Aires, 1993.




[1] Bobbio, Norberto y Matteucci, Nicola; Diccionario de política. Siglo XXI. México, 1986; p.1080-1081.
[2] Hobsbawm, Eric; ¨La izquierda y la política identitaria¨, en Apuntes de investigación; CECYP; Nº 2/3; Buenos Aires, 1998; p. 7-9.
[3] Barbero, María Inés y Devoto, Fernando; Los nacionalistas; Centro Editor de América Latina; Buenos Aires; 1983.
[4] Itzcovitz, Victoria; ¨La ideología golpista antes de 1.930” en El bimestre económico social; Buenos Aires, 1986; p. 7.
[5] Ibídem; Pág. 8.
[6] Ibídem; p 10-11.
[7] Barbero, María Inés y Devoto, Fernando; Los nacionalistas; p. 56.
[8] Ibídem; p. 61.
[9] Ibídem; p. 42.
[10] Ibídem; Pág. 101 a 103.
[11] Ibídem; ´p. 105.
[12]Palacio, Ernesto;  Criterio; Año II, Nº 81; Buenos Aires, 1929; p. 76 -77.
[13] Hobsbawm, Eric; ¨Nación, estado, etnicidad y religión: transformaciones de la identidad¨; en Anuario 16; Escuela de Historia; Universidad Nacional de Rosario; Rosario, 1994; p. 16.

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