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sábado, 14 de abril de 2012

LA EXPEDICIÓN DE DIEGO DE ROJAS


María Mercedes Tenti













El estado español, en sus planes expansionistas, supo conciliar los intereses privados con los propios, para lo cual se firmaban capitulaciones entre representantes de la corona y los conquistadores que decidían, por su cuenta, la empresa de someter parte del continente desconocido, con la esperanza de que, posteriormente, la corona les reconociese el esfuerzo realizado. Muchas veces las capitulaciones, si bien eran firmadas por un solo hombre, no siempre la realizaba este individuo solo, sino que, por atrás suyo, actuaban socios capitalistas que participaban también de los beneficios, para lo que se firmaban contratos especiales frente a escribanos. En estos contratos dejaban constancia de sus aportes, derechos y obligaciones.
La primera expedición al Tucumán, en 1543, conocida como la entrada de Diego de Rojas, fue costeada por Diego de Rojas, Felipe Gutiérrez y Nicolás de Heredia. Cada uno aportó con 30.000 pesos oro, suma importante para la época. Los beneficios variaban desde adjudicación de mercedes de tierra, encomiendas de indios o cargos de gobierno.
Rojas había participado en la última etapa de la conquista de México y en Guatemala y luego marchó al Perú, donde fue designado por Francisco Pizarro gobernador de Charcas. La turbulencia de las huestes españolas, luego de pacificado el Perú ante las disputas de Diego de  Almagro y Pizarro por las posesiones, hizo que el virrey del Perú, Cristóbal Vaca de Castro, decidiera enviar a Diego de Rojas rumbo a la región del Tucumán, con el objeto de hacer un reconocimiento.
Se tenía noticias de estas tierras por la expedición de Almagro primero, que pasó por el actual norte argentino rumbo a Chile, hacia donde penetró por el paso de San Francisco. Luego llegaron referencias de Francisco César y un grupo de hombres que salieron del fuerte de Gaboto (en Sancti Spiritu), a orillas del Paraná, y llevaron la noticia al Perú de la existencia de una zona rica en plata, denominada, a partir de entonces, ciudad de los Césares.
No se sabe exactamente con cuántos hombres ingresó Rojas al territorio del Tucumán. Levillier cree que no pasaban de doscientos. La entrada de Rojas, de una duración de tres años y medio, dio una importante información sobre esta región y permitió que pudieran ingresar futuras expediciones como la de Juan Núñez de Prado, Francisco de Villagra y Francisco de Aguirre. Esta fue la primera expedición que penetró en el actual territorio santiagueño. Los historiadores que analizaron esta entrada, no coinciden totalmente respecto a sus objetivos e itinerario, ya que las noticias que se tienen de la misma son de distinto origen y a veces se contradicen.
En 1543 partió Rojas desde Cuzco, Perú; luego debía seguirle Gutiérrez y más tarde Heredia, con cien hombres más entre los dos. En la empresa iban dos sacerdotes, Francisco Galán y Juan Cedrón, y algunas mujeres españolas, entre ellas Catalina de Enciso, mujer de Gutiérrez. Siguiendo el denominado camino del inca ingresó al actual territorio argentino y llegó a Chicoana, en los Valles Calchaquíes (actual provincia de Salta). Luego reinició la marcha con dirección sudeste, ante el ataque de los nativos que frente a la superioridad del enemigo, y sobre la base del conocimiento de la tierra y la naturaleza, se escondían en lo alto de las montañas y en los bosques intrincados, desde donde los atacaban con piedras y flechas. Un mes más tarde, tras descender las sierras del Aconquija, por una quebrada que era camino natural entre las cumbres y la llanura, arribó al sur de la actual provincia de Tucumán,  pasados los Andes.
Rojas, al que se le había reunido Gutiérrez, prosiguió hacia el sudeste. La marcha se hacía cada vez más sacrificada por el hambre, la sed, los tremendos calores y la hostilidad de los indígenas. Andaban y andaban y los indicios de riquezas no aparecían. El desánimo comenzó a cundir y también la difamación y la intriga para crear resentimiento entre los dos capitanes.
Tras continuos enfrentamientos con los aborígenes, penetró en territorio santiagueño por las sierras de Guasayayán. El cronista Cieza de León describe la zona como muy calurosa, con un calor abrasador, por donde cruzaron escasos de agua, por lo que algunos españoles murieron por esta causa. Los pobladores, conocidos genéricamente como juríes eran altos, delgados, sedentarios, y se dedicaban a la agricultura, especialmente al cultivo del maíz. En la zona de Maquixasta (Maquijata) -actual departamento Choya-, en 1544, en un enfrentamiento con los tonocotés, Diego de Rojas fue herido en una pierna con una flecha, probablemente envenenada, y, luego de una larga agonía, finalmente murió. Durante su enfermedad fue atendido por Catalina de Enciso, mujer de Gutiérrez, a quien se acusó de envenenar al jefe de la expedición para que su compañero asumiera el mando. Antes de morir, Diego de Rojas, creyendo los rumores que circulaban en el campamento sobre el supuesto envenenamiento por parte de la Enciso, designó jefe a Francisco de Mendoza y envió a Gutiérrez y Enciso de regreso al Perú.
Mendoza, al tiempo que los  desterraba, continuó viaje rumbo al este, hacia Soconcho y a orillas del río Dulce estableció el fuerte de Medellín, en 1544, primer poblado español con cabildo, autoridades y unos 180 habitantes. La zona estaba poblada por los sanavirones que cultivaban maíz, algarroba y mistol y criaban las denominadas ovejas de la tierra (llamas).
 No bien subordinó bajo su mando a Nicolás de Heredia, que recién llegaba del Perú tras una penosa travesía, siguió por el país de los diaguitas, recorriendo las actuales provincias de Catamarca, La Rioja y norte de San Juan, hasta entrar en Córdoba por el valle de Calamuchita, en 1545, poblado por los  comechingones, nativos también sedentarios, altos y con barba. Atravesaron zonas cenagosas y salitrales, enfrentándose permanentemente con los nativos, quienes les mataron gran número de caballos. Allí levantó el fuerte de Malaventura, denominado así por las penurias que sufrieron los conquistadores, ante el ataque permanente de los pueblos originarios. Ocultos en los árboles vigilaban al acecho, atacaban de noche o en pequeños grupos.
El real quedó a cargo de Heredia y Mendoza continuó rumbo al Paraná, hasta el lugar donde Sebastián Gavoto, entrando por el río de la Plata,  había levantado el fuerte de Sancti Espíritus. Luego de tres meses de difícil travesía regresó, pero al poco tiempo murió Mendoza asesinado, como consecuencia de una conjura. Heredia, al mando de la expedición, regresó al Perú en 1546, pasando por el actual territorio de Santiago del Estero, por la zona saladina, en donde encontraron “maíz y mucho pescado”.
La importancia de esta empresa, que había durado más de tres años, reside en  que fue la primera que realizó un reconocimiento efectivo de la región del Tucumán, base para expediciones pobladoras posteriores. La ruta iniciada por Diego de Rojas y concluida por Mendoza y Heredia, marcó el comienzo de la penetración española al extenso e ignoto territorio limitado, al oeste, por la cordillera de los Andes y, al este, por el océano Atlántico y el río de la Plata -nombre que entonces incluía al Paraná.
Para comprender el pasado en la etapa conquistadora no hay que caer en interpretaciones extremas que llevan a la conformación de lo que se puede denominar como la leyenda épica. Los conquistadores venían ávidos de conseguir riquezas, especialmente de metálico, imbuidos de un espíritu aventurero que los impulsaba a apostar su capital y su vida en pro de los intereses de la corona española, la difusión del catolicismo y la satisfacción de sus intereses personales. Y los nativos, los pueblos originarios, lucharon con denuedo en la defensa de su vida avasallada.
El sometimiento de los pueblos conquistados fue la consecuencia en el largo plazo. A partir de la expedición de Rojas se inició el proceso de aculturación de los nativos y de conformación de una nueva cultura fruto del choque de civilizaciones y del triunfo de la invasora. Las asimetrías persisten entre los descendientes de esas poblaciones invadidas.

2 comentarios:

  1. Hola, Mercedes:
    Desde hace tiempo busco información sobre la vida de Diego de Rojas y su entrada. En tu artículo mencionas las capitulaciones firmadas por Diego de Rojas, Felipe Gutiérrez y Nicolás Heredia. Podrías sugerirme dónde podría consultar esa capitulación? dónde podría consultar la lista de las personas que los acompannaron en la entrada? Se conocer algo más sobre la vida de Diego de Rojas (su familia, por ejemplo)?
    Saludos cordiales desde Japón.

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  2. Hola Atilio: Recién leo tu comentario, por ello te pido disculpas. La capitulación de Diego de Rojas figura en los libros de Levillier. Probablemente tenga un extracto en Vicente Sierra, Historia Argentina. Intenta buscar en la web del Archivo de Indias. Me alegró saber que escribes desde tan lejos. Saludos cordiales.

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