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jueves, 24 de febrero de 2011

EN EL ANIVERSARIO DEL NATALICIO DEL PADRE DE LA PATRIA

por María Mercedes Tenti

En un nuevo aniversario del paso a la inmortalidad de José de San Martín, podemos destacar distintos aspectos de su vida y de su trayectoria tales como San Martín estratega, héroe de la independencia gobernante, ejemplo de renunciamiento, libertador de América.
Sin embargo hoy, en los comienzos del tercer milenio, inmersos en un mundo donde términos como globalización plantean una engañosa universalidad, nos interesa rescatar otro aspecto a veces poco difundido: el pensamiento de José de San Martín; pensamiento que conocemos a través de sus numerosos escritos y que nos muestra a un hombre comprometido con el tiempo que le tocó vivir, impregnado de su problemática, pero con una visión que va más allá y lo trasciende.
Si bien era un militar de carrera, un hombre educado en los cuarteles como él mismo decía, conoció los principios éticos y jurídicos que reglan las instituciones políticas. Por ello buscó la emancipación de los pueblos americanos por dos caminos: el de las armas y el de las ideas.
Su meta principal era lograr la independencia de América, pero consolidada con la unión de los pueblos. Por ello, para evitar la anarquía, fruto de las pasiones encontradas, se debía respetar la voluntad popular. En 1823 desde Mendoza, enterado de las agitaciones internas del Perú, escribía: “... sin perder un solo momento, cedan las quejas o resentimientos que puedan tener; reconózcase la autoridad del Congreso, malo, bueno o como sea, pues los pueblos lo han jurado: únanse como es necesario y con este paso desaparezcan los españoles del Perú”. La unión de los pueblos americanos para derrotar al enemigo común era imprescindible.
Para lograrlo, las instituciones debían estar en armonía con el carácter, educación, castas, religión y hasta con la ignorancia de la población. Por ello consideraba que los pueblos no debían darse las mejores leyes, sino las más apropiadas a su modo de ser. Su principal aspiración era, precisamente, alcanzar la felicidad de todos y, para conseguirla, se debía proclamar la independencia y organizar institucionalmente a los países americanos.
La idea de la unidad moral y material de la nación, presente en el pensamiento sanmartiniano, enlazaba a todos en el deber moral de salvar a la Patria, de fomentar la felicidad pública por encima de las diferencias de partido y conservar y defender el territorio nacional frente a ataques exteriores.
Otro tema interesante para considerar es el que se refiere al uso de la fuerza, tan común en nuestra América Latina y de cuyas consecuencias no podemos todavía salir indemnes. San Martín colocaba en el lugar más importante a las instituciones. Frente a la fuerza de las armas le importaba más la fuerza de la opinión pública.
Fue fiel a sus principios y al mandato de su época y de las poblaciones por las que luchó hasta el renunciamiento. Por ello continúa vigente como modelo de definición de vida su frase “Serás lo que deba ser o no serás nada”. Ese es el mensaje que queda latente para la juventud argentina. La juventud quiere y debe ser más, pero para serlo necesita vivir al calor de las grandes causas de entonces y de ahora: el afianzamiento de la independencia nacional, el respeto por la voluntad popular y el desarrollo del bienestar de la población.
La vigencia contemporánea de José de San Martín se dilata a medida que se intensifica el conocimiento de su pensamiento. Recordémoslo hoy intentando perfilar nuestra vida como sociedad civil, con la misma fuerza y objetivos con los que él definió la suya como hombre público. Intentemos campear las crisis, a las que debe enfrentarse permanentemente la república, rescatando valores que necesitan revitalizarse para evitar la fragmentación y el caos. Valoremos hoy, más que nunca, los principios sustentados por San Martín, de soberanía popular, respeto por la voluntad soberana del pueblo y por la opinión pública, unidad e independencia nacional y felicidad de la población por encima de las diferencias partidarias, para tratar de emprender, entre todos, la empresa colectiva de reconstrucción de la nación.

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