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jueves, 10 de mayo de 2012

MUJERES SANTIGUEÑAS DESTACADAS: Petrona Carrizo de Gandulfo


María Mercedes Tenti
 Petrona Carrizo de Gandulfo (Doña Petrona) nació en Santiago del Estero en 1896 y murió en Buenos Aires en 1992. Se ocupó desde joven en difundir recetas novedosas  a través de revistas y diarios, primero, y de la televisión a partir de la década del 50. El clásico ‘Libro de Doña Petrona’ se editó más de cien veces siendo la obra más vendida luego del Martín Fierro. Fue una pionera en la apertura del camino de cocineros y cocineras que ocupan hoy un lugar importante dentro de la televisión argentina. 

lunes, 30 de abril de 2012

MUJERES SANTIAGUEÑAS DESTACADAS: MERCEDES GUERRA


María Mercedes Tenti

Mercedes del Niño Jesús Guerra 
Nació en Salavina en 1817 y murió en Buenos Aires en 1901. Entró en el convento de las 
capuchinas que luego dejó. Durante la epidemia de fiebre  amarilla en Buenos Aires se 
dedicó atención de los enfermos. Fundó el Instituto de las Hermanas Terciarias Franciscanas 
de la Caridad y durante la epidemia de cólera atendió nuevamente a los enfermos junto con 
sus novicias. Fue una mujer fuerte que se sobrepuso a todas las adversidades en pro de 
ayudar a los necesitados. 

domingo, 29 de abril de 2012

MUJERES SANTIAGUEÑAS DESTACADAS: María Antonia de Paz y Figueroa








Escultura de Omar Gerez

 en la Catedral de Santiago del Estero





María Mercedes Tenti


MARÍA ANTONIA DE PAZ Y FIGUEROA, la "Mama Antula" nació en Santiago del
Estero en 1730  y murió en Buenos Aires en 1799. De esmerada educación colaboró con los 
jesuitas en los ejercicios espirituales y, luego de su expulsión en 1767, en un largo peregrinar 
encabezando un grupo de mujeres, llevó  los  ejercicios espirituales hasta Buenos Aires, capital 
del virreinato del Río de la Plata. María Antonia contribuyó a consolidar el papel de la mujer  
como sujeto social den el siglo XVIII por  ello se la considera la ‘primera rebelde santiagueña’.



sábado, 14 de abril de 2012

LA EXPEDICIÓN DE DIEGO DE ROJAS


María Mercedes Tenti













El estado español, en sus planes expansionistas, supo conciliar los intereses privados con los propios, para lo cual se firmaban capitulaciones entre representantes de la corona y los conquistadores que decidían, por su cuenta, la empresa de someter parte del continente desconocido, con la esperanza de que, posteriormente, la corona les reconociese el esfuerzo realizado. Muchas veces las capitulaciones, si bien eran firmadas por un solo hombre, no siempre la realizaba este individuo solo, sino que, por atrás suyo, actuaban socios capitalistas que participaban también de los beneficios, para lo que se firmaban contratos especiales frente a escribanos. En estos contratos dejaban constancia de sus aportes, derechos y obligaciones.
La primera expedición al Tucumán, en 1543, conocida como la entrada de Diego de Rojas, fue costeada por Diego de Rojas, Felipe Gutiérrez y Nicolás de Heredia. Cada uno aportó con 30.000 pesos oro, suma importante para la época. Los beneficios variaban desde adjudicación de mercedes de tierra, encomiendas de indios o cargos de gobierno.
Rojas había participado en la última etapa de la conquista de México y en Guatemala y luego marchó al Perú, donde fue designado por Francisco Pizarro gobernador de Charcas. La turbulencia de las huestes españolas, luego de pacificado el Perú ante las disputas de Diego de  Almagro y Pizarro por las posesiones, hizo que el virrey del Perú, Cristóbal Vaca de Castro, decidiera enviar a Diego de Rojas rumbo a la región del Tucumán, con el objeto de hacer un reconocimiento.
Se tenía noticias de estas tierras por la expedición de Almagro primero, que pasó por el actual norte argentino rumbo a Chile, hacia donde penetró por el paso de San Francisco. Luego llegaron referencias de Francisco César y un grupo de hombres que salieron del fuerte de Gaboto (en Sancti Spiritu), a orillas del Paraná, y llevaron la noticia al Perú de la existencia de una zona rica en plata, denominada, a partir de entonces, ciudad de los Césares.
No se sabe exactamente con cuántos hombres ingresó Rojas al territorio del Tucumán. Levillier cree que no pasaban de doscientos. La entrada de Rojas, de una duración de tres años y medio, dio una importante información sobre esta región y permitió que pudieran ingresar futuras expediciones como la de Juan Núñez de Prado, Francisco de Villagra y Francisco de Aguirre. Esta fue la primera expedición que penetró en el actual territorio santiagueño. Los historiadores que analizaron esta entrada, no coinciden totalmente respecto a sus objetivos e itinerario, ya que las noticias que se tienen de la misma son de distinto origen y a veces se contradicen.
En 1543 partió Rojas desde Cuzco, Perú; luego debía seguirle Gutiérrez y más tarde Heredia, con cien hombres más entre los dos. En la empresa iban dos sacerdotes, Francisco Galán y Juan Cedrón, y algunas mujeres españolas, entre ellas Catalina de Enciso, mujer de Gutiérrez. Siguiendo el denominado camino del inca ingresó al actual territorio argentino y llegó a Chicoana, en los Valles Calchaquíes (actual provincia de Salta). Luego reinició la marcha con dirección sudeste, ante el ataque de los nativos que frente a la superioridad del enemigo, y sobre la base del conocimiento de la tierra y la naturaleza, se escondían en lo alto de las montañas y en los bosques intrincados, desde donde los atacaban con piedras y flechas. Un mes más tarde, tras descender las sierras del Aconquija, por una quebrada que era camino natural entre las cumbres y la llanura, arribó al sur de la actual provincia de Tucumán,  pasados los Andes.
Rojas, al que se le había reunido Gutiérrez, prosiguió hacia el sudeste. La marcha se hacía cada vez más sacrificada por el hambre, la sed, los tremendos calores y la hostilidad de los indígenas. Andaban y andaban y los indicios de riquezas no aparecían. El desánimo comenzó a cundir y también la difamación y la intriga para crear resentimiento entre los dos capitanes.
Tras continuos enfrentamientos con los aborígenes, penetró en territorio santiagueño por las sierras de Guasayayán. El cronista Cieza de León describe la zona como muy calurosa, con un calor abrasador, por donde cruzaron escasos de agua, por lo que algunos españoles murieron por esta causa. Los pobladores, conocidos genéricamente como juríes eran altos, delgados, sedentarios, y se dedicaban a la agricultura, especialmente al cultivo del maíz. En la zona de Maquixasta (Maquijata) -actual departamento Choya-, en 1544, en un enfrentamiento con los tonocotés, Diego de Rojas fue herido en una pierna con una flecha, probablemente envenenada, y, luego de una larga agonía, finalmente murió. Durante su enfermedad fue atendido por Catalina de Enciso, mujer de Gutiérrez, a quien se acusó de envenenar al jefe de la expedición para que su compañero asumiera el mando. Antes de morir, Diego de Rojas, creyendo los rumores que circulaban en el campamento sobre el supuesto envenenamiento por parte de la Enciso, designó jefe a Francisco de Mendoza y envió a Gutiérrez y Enciso de regreso al Perú.
Mendoza, al tiempo que los  desterraba, continuó viaje rumbo al este, hacia Soconcho y a orillas del río Dulce estableció el fuerte de Medellín, en 1544, primer poblado español con cabildo, autoridades y unos 180 habitantes. La zona estaba poblada por los sanavirones que cultivaban maíz, algarroba y mistol y criaban las denominadas ovejas de la tierra (llamas).
 No bien subordinó bajo su mando a Nicolás de Heredia, que recién llegaba del Perú tras una penosa travesía, siguió por el país de los diaguitas, recorriendo las actuales provincias de Catamarca, La Rioja y norte de San Juan, hasta entrar en Córdoba por el valle de Calamuchita, en 1545, poblado por los  comechingones, nativos también sedentarios, altos y con barba. Atravesaron zonas cenagosas y salitrales, enfrentándose permanentemente con los nativos, quienes les mataron gran número de caballos. Allí levantó el fuerte de Malaventura, denominado así por las penurias que sufrieron los conquistadores, ante el ataque permanente de los pueblos originarios. Ocultos en los árboles vigilaban al acecho, atacaban de noche o en pequeños grupos.
El real quedó a cargo de Heredia y Mendoza continuó rumbo al Paraná, hasta el lugar donde Sebastián Gavoto, entrando por el río de la Plata,  había levantado el fuerte de Sancti Espíritus. Luego de tres meses de difícil travesía regresó, pero al poco tiempo murió Mendoza asesinado, como consecuencia de una conjura. Heredia, al mando de la expedición, regresó al Perú en 1546, pasando por el actual territorio de Santiago del Estero, por la zona saladina, en donde encontraron “maíz y mucho pescado”.
La importancia de esta empresa, que había durado más de tres años, reside en  que fue la primera que realizó un reconocimiento efectivo de la región del Tucumán, base para expediciones pobladoras posteriores. La ruta iniciada por Diego de Rojas y concluida por Mendoza y Heredia, marcó el comienzo de la penetración española al extenso e ignoto territorio limitado, al oeste, por la cordillera de los Andes y, al este, por el océano Atlántico y el río de la Plata -nombre que entonces incluía al Paraná.
Para comprender el pasado en la etapa conquistadora no hay que caer en interpretaciones extremas que llevan a la conformación de lo que se puede denominar como la leyenda épica. Los conquistadores venían ávidos de conseguir riquezas, especialmente de metálico, imbuidos de un espíritu aventurero que los impulsaba a apostar su capital y su vida en pro de los intereses de la corona española, la difusión del catolicismo y la satisfacción de sus intereses personales. Y los nativos, los pueblos originarios, lucharon con denuedo en la defensa de su vida avasallada.
El sometimiento de los pueblos conquistados fue la consecuencia en el largo plazo. A partir de la expedición de Rojas se inició el proceso de aculturación de los nativos y de conformación de una nueva cultura fruto del choque de civilizaciones y del triunfo de la invasora. Las asimetrías persisten entre los descendientes de esas poblaciones invadidas.

domingo, 8 de abril de 2012

JOSÉ HERNÁNDEZ, EL MARTÍN FIERRO Y LA DENUNCIA SOCIAL


María Mercedes Tenti


La etapa en que le tocó actuar a José Hernández es quizás una de las más conflictivas de nuestra historia argentina, etapa en que las guerras civiles asolaban el territorio y en la que las luchas fratricidas conducían a enfrentamientos estériles pero que dejaban huellas muchas veces imborrables. La situación nacional podemos sintetizar en la dialéctica entre civilización y barbarie, entre el país del litoral y el país interior, entre los argentinos y extranjeros de las principales ciudades y los gauchos, los nativos de las pampas y llanuras, de las montañas y valles, de las selvas y los esteros. Sin embargo Buenos Aires - interior no era la única contradicción que dividía a los argentinos, también se oponían sectores de poder que pugnaban por alcanzar la supremacía en la conducción política y económica: los sectores ganaderos de la provincia de Buenos Aires y el Litoral, y la burguesía mercantil de las ciudades puertos.
 La contradicción ¨con Rosas o contra Rosas¨ que caracterizó el período comprendido entre  1830 y 1851 se polarizó, luego de la muerte del gobernador de Buenos Aires, hacia dos figuras carismáticas y opuestas: Bartolomé Mitre sintetizaba el pensamiento porteño liberal, mientras que Justo José de Urquiza enarbolando las banderas de la federación, encarnaba el pensamiento del litoral que se veía seriamente perjudicado en su afán por alcanzar el libre comercio de los ríos interiores, ante el monopolio de la aduana de Buenos Aires. Después de derrocado Rosas y proclamado Urquiza Director Supremo de la Confederación en 1852, una de sus primeras medidas fue decretar la nacionalización de la aduana, medida que obviamente Buenos Aires no aceptó y provocó la ruptura al constituirse en estado independiente. La sede de la confederación se fijó en Paraná.
En medio de este convulsionado panorama se había desarrollado la infancia y la juventud de José Hernández. Nacido el 10 de noviembre de 1834, fecha destinada más  tarde a celebrar el día de la tradición, en el poblado de Perdriel, en la provincia de Buenos Aires. Allí su tío abuelo Juan Martín de Pueyrredón había librado un duro combate contra las tropas inglesas de Béresford.
Era hijo de Rafael Hernández, perteneciente a una antigua familia federal, y de Isabel Pueyrredón, proveniente de una familia ligada estrechamente a los unitarios. Vivió alternativamente con sus tíos, su abuelo paterno y finalmente con su padre, luego de la temprana muerte de su madre. Su educación primaria la realizó en una escuela particular y la completó con lecturas personales en la estancia paterna. Allí aprendió todos los secretos de la vida del campo y de su poblador, el gaucho, que sería durante años el objeto y objetivo de sus luchas, de sus prédicas y de su producción literaria.
Hacia 1856, con 22 años, se instaló en Buenos Aires e ingresó al partido Reformista Liberal y se incorporó  al diario partidario, ¨La reforma pacífica¨, en donde comenzó su labor periodística. Los reformistas no eran porteños, sino argentinos de Buenos Aires, como solía decir Hernández. Como eran perseguidos por ser partidarios de la Confederación, sólo podían reunirse en los boliches o ¨chupanderías¨, de allí el mote de chupandinos con el que se los denominó.  A los ¨niños bien¨  del partido liberal, “guapos en patota”, los llamaban ¨pandilleros¨. Pronto la represión oficialista obligó a los chupandinos a huir de Buenos Aires y es así que José, con su hermano Rafael, marchó a Paraná, sede del gobierno nacional.
Allí obtuvo un empleo como tenedor de libros en la casa de Ramón Puig, suegro del coronel Ricardo López Jordán con el que pronto se vinculó. También comenzó a escribir en el ¨Nacional Argentino¨, periódico fundado por Urquiza. Hombre corpulento, de espesa barba y voz potente frecuentaba un mercado próximo a su domicilio, donde escuchaba y también contaba dichos camperos, en diálogo con los puesteros de origen criollo. Como había estudiado taquigrafía obtuvo un empleo en el senado y se contactó con los principales políticos de su tiempo.
Cuando se produjo el enfrentamiento entre los ejércitos de Buenos Aires y de la Confederación, en Cepeda y Pavón, el militante político, el periodista, se incorporó como soldado en la primera batalla, y soldado preso en la segunda, como consecuencia de sus artículos periodísticos contra el ‘supremo entrerriano’, integrando el ejército nacional. Luego de la defección de Urquiza en Pavón, Hernández se fue acercando a López Jordán que también veía la actitud de Urquiza con recelo.
Cuando Mitre asumió la presidencia de la República, Hernández desde ¨El Argentino¨ centró los ataques a  su política.  También allí publicó su crítica contra Domingo Faustino Sarmiento, entonces gobernador de San Juan, por la muerte del general  y caudillo riojano Ángel Vicente Peñaloza, el  Chacho, ultimado en Olta, víctima de la política mitrista. Estos artículos los reunió luego en un folleto titulado ¨Rasgos biográficos del general Don Ángel Vicente Peñaloza¨. Sus críticas a Sarmiento arreciaron cuando éste asumió la presidencia del país. Por entonces contrajo matrimonio con una joven porteña, Carolina González del Solar y tuvo su primera hija, Isabel.
Continuando con su lucha política pasó a Corrientes y luego a Buenos Aires en 1868 donde fundó el periódico ¨El Río de la Plata¨, desde donde continuó con sus apreciaciones contra la discriminación de los humildes, los abusos del poder político y económico y los criterios de la ¨civilización¨ esgrimidos contra los criollos. Sus artículos de más interés y pasión urgían al presidente Sarmiento a que concluyese con la guerra del Paraguay y, a través de una campaña incesante, pedía se terminara con la ley inconstitucional que gravaba al gaucho con el servicio de fronteras, a la par que fomentaba la corrupción administrativa  en la campaña. Este servicio era, a su juicio, una persecución infame y de exterminio paulatino de los gauchos.
A través de sus columnas, Hernández planteaba medidas tales como supresión de los contingentes, control en la formación de milicias de frontera, elegibilidad de los jueces de paz, de los comandantes de línea y de consejeros escolares. También criticaba la entrega de tierras públicas realizada por Rivadavia a través de la ley de Enfiteusis. Su prédica enfatizaba: ¨Nosotros negamos a los gobiernos el derecho de vender las tierras públicas o de afectarlas a ninguna deuda¨.
 Cuando en 1869 fue asesinado Urquiza el panorama nuevamente se enrareció para Hernández ya que Sarmiento acusaba directamente a López Jordán, su amigo y camarada de  luchas. En 1870 cerró su diario y se alistó con la fuerzas de López Jordán que se alzó contra Sarmiento, aunque finalmente  fue derroto en Ñaembé, Corrientes. Junto con otros jordanistas huyó a Brasil y se instaló en Santa Ana do Livramento. Más tarde se radicó en Montevideo y comenzó a escribir en ¨La Patria´, diario que trataba problemas argentinos y uruguayos.
Tras una amnistía, pues Sarmiento había puesto precio a su cabeza, regresó a Buenos Aires, y se alojó en el hotel ¨Argentino¨, frente a la plaza de Mayo, donde comenzó la redacción de ¨El gaucho Martín Fierro¨, cuando tenía 38 años de edad. La primera edición se imprimió en 1872 en la imprenta de un amigo suyo. Contabilizando las ventas de los primeros siete años, correspondiente a la primera y segunda edición, se vendieron setenta y dos mil ejemplares de aquella obra que, en las pulperías, la adquirían junto con los artículos de primera necesidad.
Cuando la presidencia de Sarmiento estaba tocando a su fin, Hernández se alistó junto a Adolfo Alsina, del partido autonomista, con Aristóbulo del Valle, Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen y adhirió a la política de conciliación de Nicolás Avellaneda. Más tarde se unió a la rama disidente que, encabezada por Alem e Yrigoyen, fundó el partido Republicano. En 1878 adquirió su quinta de Belgrano y la Librería del Plata y escribió la segunda parte de su libro, ¨La vuelta del Martín Fierro¨.  Ésta alcanzó el mismo éxito que la primera. Avellaneda registró sobre el poema una página sumamente explicativa: ¨En lo que toca a éste - se refiere al Martín Fierro - es casi imposible alcanzarle. Uno de mis clientes almaceneros por mayor, me mostraba ayer en sus libros los encargos de los pulperos de la campaña: 12 gruesas de fósforos, una barrica de cerveza, 12 vueltas de Martín Fierro, 100 cajas de sardinas¨.
Los años siguientes se desempeñó como diputado por la provincia de Buenos Aires, integrándose a la burguesía que había combatido, pero a la que pertenecía. Fue senador y miembro del Banco Hipotecario en los primeros años de la década del ochenta.
Por entonces el gobierno le propuso realizar un viaje a Australia para estudiar razas vacunas y métodos modernos de producción agropecuaria. Hernández no aceptó la misión por considerarla un gasto inútil y, basado en su propia experiencia en el tema, editó por su cuenta en 1881 ¨Instrucción del estanciero¨. Allí plasmó el horror de injusticia que implicaba dar al colono extranjero toda clase de facilidades, tierras, semillas, herramientas y animales de labranza, y privar de todos estos beneficios al campesino criollo.
Un 21 de octubre de 1886 murió en su quinta de Belgrano a los 52 años. En su sepelio el general Lucio V. Mansilla afirmaba que cuando fuese olvidada la fama de muchos de nuestros grandes hombres, persistirá en la memoria del pueblo el nombre de Martín Fierro y con él, José Hernández no habría muerto. Como vemos sus palabras fueron proféticas.
Después de esta breve síntesis de la vida de Hernández, es fácil advertir la estrecha vinculación de ella con un dinámico período de la historia argentina, el de nuestra consolidación como nación. En sus luchas predicó un ideal político de defensa de lo nacional frente a las tendencias europeizantes y liberales de sus adversarios políticos.
La historia política del Martín Fierro no atañe a la ficción, no es la historia de un gaucho hipotético, es la historia de un gaucho real perteneciente a las clases desheredadas del siglo pasado, contra la denominada oligarquía y sus aparatos ideológicos - represivos. Transmitía Hernández en su verso y en su prosa una realidad que había vivido, no como un relato sino como una verdadera denuncia, la exposición cruda de una  injusticia social.
Las tierras de las principales familias que poseían la mayor parte de la superficie de la provincia de Buenos Aires, los Anchorena, los  Díaz Vélez, Pereyra, Martínez de Hoz, Álzaga, etc., era el ámbito donde vivía, trabajaba y padecía el gaucho del poema. Esa élite dirigente contaba con un aparato represivo mediante el cual aseguraba, a cualquier precio, su proyecto de poder. Por ello en el poema aparecen los jueces de paz, los comisarios y los militares de frontera. Los jueces de paz que disponían de la persona del gaucho con absoluta discreción, eran siempre agentes de los ganaderos, cuando no eran ganaderos propiamente dichos.
Las autoridades políticas de la campaña eran denunciadas por ser los agentes de arbitrariedades en la integración de contingentes humanos con destino a los fortines, para materializar así el despojo de los terrenos o ranchos de los gauchos enrolados. Las por las acciones represivas y por el hurto del salario de los gauchos enrolados.
El fundamento de la denuncia lo da el autor en una nota periodística en ¨El Río de la Plata¨ donde afirmaba: ¨No hay países más pobres ni atrasados que aquellos donde la propiedad está repartida entre una cuantas clases privilegiadas¨. Y en otra edición afirmaba: ¨Infatigables y perseverantes en defender la causa de los oprimidos, no desmayamos antes de ver que las garantías individuales se convierten en una verdad incuestionable y dejen de ser una simple y lujosa declaración de la ley...¨
A pesar de haber sido reconocido en el extranjero y por sus protagonistas los gauchos, el poema era despreciado por la clase social que se veía directamente aludida como causante de los despojos a que era sometido el criollo de las pampas. Durante un cuarto de siglo su gloria permaneció escondida tras un vasto velo de sombra. Leopoldo Lugones comprendiendo su valor ignorado, en la sala del teatro Odeón, hizo un ciclo de conferencias que sirvió para desgarrar el velo injusto con el que estaba cubierta la obra de Hernández.
La síntesis de su obra la realiza magistralmente su hermano Rafael cuando escribió después: “Su libro, bien conocido, es como lo la fotografía de una raza legendaria que se extingue. (...) Escudriñado escrupulosamente no se hallará una sola impropiedad o error en cuanto allí se describe, porque no procede de oídas, ni por imitación, sino que pinta escenas en que ha sido a menudo actor o espectador. Tomó el gaucho en la frontera, se internó con él en el desierto, lucho en el pajonal con el pampa y trazó en su poema, no solamente usos y costumbres de los salvajes, entonces completamente desconocidas del cristiano civilizado, que no han sido rectificadas, sino cuadros conmovedores que produjeron una revolución en las ideas sociales y en la política”.

miércoles, 28 de marzo de 2012

HISTORIA ORAL DE LAS PRÁCTICAS ESCOLARES


María Mereces Tenti

Trabajo Publicado en 2das. Jornadas de Investigación Educativa, Instituto Superior de Bellas Artes "Juan Yaparí", Consejo General de Educación, Santiago del Estero, 2006, pp. 168-174.





Fotografía de la Escuela N° 999, Depto. Choya, Santiago del Estero
Gentileza Carlota Fernández









Introducción
Diariamente nos enfrentamos a una profunda crisis cultural, de valores, de exclusión social y marginación, crisis política y de la cultura participativa, entre otras. A todas ellas no es ajena la universidad. La crisis permanente incide directamente en su funcionamiento y en la vida de la comunidad educativa toda. Asimismo, por tratarse la docencia de una actividad práctica, debe enfrentarse todos los días a problemas también prácticos[1], que se tratan de solucionar, a medida que se van produciendo. La enseñanza no está descontextualizada de la realidad; por el contrario está inmersa en ella.
En general la práctica profesional en la docencia es visualizada como algo factible de controlar, en donde los problemas se resuelven aplicando ciertos estándares predominantes, basados en el conocimiento profesional y fundamentado en una suerte de ‘racionalidad técnica’, propia de la epistemología constructivista. Sin embargo, en el medio hay una serie de ‘zonas oscuras’ en las que este tipo de racionalidad no es operativa para resolver problemas de la práctica docente. Surge una suerte de crisis de confianza en el conocimiento profesional y en la preparación de los profesionales.
En la presente comunicación se presenta el diseño de una actividad realizada como ‘parcial domiciliario’ de la cátedra Historia de la educación Latinoamérica y Argentina, en la carrera a distancia de Analista en gestión educativa de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, mediante la propuesta de indagar sobre las prácticas escolares y su evolución a lo largo de los últimos cincuenta años, aplicando la técnica de historia oral.
El propósito del mismo fue que los estudiantes construyeran a lo largo del proceso la noción de práctica educativa y que caracterizasen las prácticas imperantes a través del tiempo según las diferentes etapas y el contexto en que se desarrollaron. Teniendo en cuenta una de las condiciones que la escuela de Frankfut señala para sustentar la teoría crítica referida a la teoría educativa, se apuntó como finalidad del trabajo que los estudiantes puedan reconocer la necesidad de utilización de categorías interpretativas de los docentes, es decir, intentasen la comprensión de la evolución de las prácticas educativas en el período prefijado, a través de un aprendizaje significativo, recurriendo a la historia oral.
Las nuevas formas de enseñanza obligan a tender, no a la acumulación de conocimientos enciclopédicos (según el paradigma positivista), sino a la comprensión de los saberes desde distintas perspectivas. Se parte de dudas, de situaciones problemáticas, para apuntar a la búsqueda de respuestas a los planteos originales. A medida que se avanza en el proceso de enseñanza-aprendizaje (ambos términos son inseparables) los docentes debemos reflexionar sobre nuestras propias prácticas (investigación acción).
Los docentes también construimos nuestro propio conocimiento según el contexto en el que nos desenvolvemos. Así, la enseñanza se transforma en una actividad crítica que ayuda a pensar críticamente el orden social. La enseñanza no puede ser estandarizada, sino que varía según los grupos o individuos. Una enseñanza activa implica que el estudiante sea sujeto de su propio aprendizaje. Por su parte el profesor/a debe asumir un compromiso político respecto a la institución y al contexto social[2].

¿Por qué aplicar la historia oral en el aula?
Se puede decir que la historia oral “son las memorias y recuerdos de la gente viva sobre su pasado”[3], sujetas obviamente a las inseguridades y debilidades propias de la memoria humana; es la búsqueda de la memoria de las distintas generaciones. La historia oral es una metodología que se utiliza para reconstruir sucesos o modos de vida de una sociedad o grupo de personas y se realiza mediante el testimonio oral brindado por quienes vivieron durante el momento histórico que se pretende indagar.
La importancia del testimonio oral en la enseñanza radica en que se transforma en una fuente creada, como resultado de la interacción entre entrevistador y entrevistado[4]. Ayuda a los estudiantes a ubicarse dentro del contexto socio cultural en el que está inmerso, relacionándose con otros individuos e instituciones al buscar personas del entorno para entrevistar.
A través de la historia oral se pueden recuperar lugares y voces comunes que, a veces, pasan desapercibidas o se pierden por falta de registros; también se rescatan aspectos de la historia de la vida cotidiana, por lo general ausentes en la enseñanza de la historia. De la misma manera, permite a los estudiantes acercarse a las prácticas de investigación, desarrollando habilidades para la indagación.
La experiencia les facilita la aproximación a los actores históricos concretos, a la vez que los lleva a reconocer procesos como parte de su propia historia, fortaleciendo la concepción de historia contemporánea y del tiempo presente. Por tratarse de un trabajo colectivo, permite desarrollar actitudes cooperativas y aporta al logro de una mayor integración institucional y comunitaria.
Tanto el diseño de la investigación, como de las entrevistas y el informe final, obliga al estudiante a relacionarse con la producción del conocimiento, a estar en contacto con distintas fuentes (escritas, orales, icónicas) y a acercarse a las prácticas de investigación. También, al comprender la multiplicidad del tiempo histórico, le permite establecer una mayor relación entre pasado, presente y futuro que le servirá, en definitiva, para entender el para qué enseñar y aprender historia.
Actividades
 Para iniciar la actividad se propone que, a través de la metodología de la historia oral, los estudiantes reconstruyan qué cosas cambiaron y cuáles permanecen en las prácticas escolares durante los últimos cincuenta años. Se podrá centrar el estudio en una sola escuela y entrevistar a ex alumnos, docentes y directivos de hace cincuenta años hasta la actualidad. Si, en cambio, se trata de una institución relativamente nueva, se recurrirá a informes de personas mayores que se refieran a sus experiencias escolares en distintas instituciones educativas.

Aspectos a tener en cuenta al trabajar con el método de la historia oral:
La búsqueda de informantes deberá estar sujeta a la realidad de la comunidad y de quien investiga. Puede planificarse la realización de entrevistas a un número reducido de personas; aplicar el “método de la bola de nieve”, por el que se realizan entrevistas a partir de una persona que contacta con amigos o conocidos, o bien ejecutar una muestra estratificada de la comunidad que permitirá tener una visión de los factores sociales representativos de la misma4. Es conveniente que se entreviste a personas de, por lo menos, tres generaciones diferentes, para que se puedan advertir los cambios.
En la primera entrevista, exploratoria, deberá ir preparándose al entrevistado para que vaya recuperando los recuerdos y para que tome confianza. También podrán aportar con otro tipo de documentos para completar sus relatos, como fotografías, cuadernos de clases, etc.
Es conveniente preparar entrevistas semi estructuradas con una lista de temas y de posibles preguntas para tener presente al momento de realizar la entrevista. Durante la misma pueden surgir temas no previstos, de los que surjan nuevas preguntas a medida que evoluciona la charla con los entrevistados.
Será necesario también interiorizarse previamente sobre las características de la escuela y su contexto (socio-económico y cultural) en los últimos cincuenta años, para poder preparar las entrevistas con mayor conocimiento de la realidad. 
Las entrevistas podrán ser grabadas, fotografiadas o filmadas, según las posibilidades y la aceptación del entrevistado. De lo contrario deberá tomarse nota con ayuda de otra persona.
Como la relación entre entrevistador y entrevistado es una relación social debe primar, por parte del primero, una actitud de respeto permanente y no crear algún tipo de clima de conflicto con contradicciones u opiniones fuera de lugar, ya que se puede formar una barrera infranqueable y hacer fracasar la entrevista.
El encuentro debe ser preferentemente a solas por cuanto otras personas, familiares o extrañas, pueden interferir en la espontaneidad y veracidad de las respuestas. El entrevistado debe expresarse con total libertad y sin ningún tipo de censura. Por lo tanto, además de crear el clima adecuado, no se debe interrumpir, corregir ni debatir, sino que,  por el contrario, se le debe facilitar la libre expresión, respetando sus momentos de silencio y alentándolo a continuar con un gesto amable o una sonrisa.
El entrevistador debe ser un escucha perfecto, debe ser flexible y no pretender que la persona entrevistada siga al pie de la letra la secuencia prevista en la guía, ya que ella tiene que expresarse con libertad y con las variaciones propias del pensamiento y de los recuerdos que afloran en formas y circunstancias nunca predeterminadas.

Presentación del informe
Se deberá presentar un informe escrito que conste de:
Introducción: En ella se planteará el propósito de la investigación, los objetivos propuestos, la metodología y técnicas a emplear, cómo se seleccionó a los entrevistados, etc.
Desarrollo: Síntesis de las entrevistas, destacando los aspectos más importantes de las mismas. En caso de trascripción textual de las palabras del entrevistado, deberá ir entre comillas. El nombre del informante será explicitado sólo en caso de que el mismo diera su conformidad previa. Es interesante  consignar su edad aproximada y época en que ejerció la docencia o que asistió a la escuela. 
Conclusiones: Al finalizar se deberá extraer las  conclusiones del trabajo. Entre ellas, por ejemplo, se podrán consignar: fragmentos de los testimonios más interesantes, analizándolos; los cambios más importantes que se produjeron en la vida de la escuela destacando las prácticas que cambiaron y las que permanecieron; las causas de los cambios y las permanencias; las relaciones entre las modificaciones producidas en la escuela y el contexto histórico y social en el que éstos se produjeron, entre otros.
Otra forma de presentación: puede ser a través de una narración (relato) única sobre la historia de las prácticas escolares, seleccionando los momentos más significativos de cada entrevista.

Consideraciones finales

Educar hoy supone asumir un doble desafío: la escucha de lo que acontece y la búsqueda simultánea de otros modos de hacer de la universidad un lugar en donde sea posible nombrarse, crear y sostener la posibilidad de pensar y de alcanzar un aprendizaje significativo. Problematizar aquello que se nos presenta como hechos dados, inmodificables, nos abre la posibilidad de encarar nuevas pedagogías que ayuden a la formación de sujetos autónomos. Esto lleva a construir colectivamente una nueva concepción del aprendizaje.
Las estructuras que se tienen en cuenta a partir de la aplicación de la Historia oral, se encuentran en lugares muchas veces no tomados en consideración por la historiografía y a un nivel más complejo y profundo, que tiene que ver con rasgos que escapan la esfera de lo observable a simple vista y que recorre un camino entre lo biológico y lo cultural, pasando por zonas más profundas, indagando temas casi ignorados como podrían ser los comportamientos en la escuela. Con el acceso a la historia de lo cotidiano, a través de la historia oral, se puede obtener una serie de historias paralelas que se entrecruzan y condicionan a la vez que se ensamblan con los procesos históricos.

Bibliografía
-          Caplow, Theodore, La investigación sociológica; Barcelona; Laia; 1972.
-          Carr, Wilfred y Kemmis, Stephen: Teoría crítica de la enseñanza. La investigación-acción en la formación del profesorado; Barcelona; Martínez Roca; (1988).
-          Folguera, Pilar, Cómo se hace historia oral; Madrid; Eudema; 1994.
-          Niethammer, Lutz, “¿Para qué sirve la historia oral?”, en Aceves Lozano, Jorge (Compilador); Historia oral; (s.d.e.).
-          Pérez Gómez, Ángel “La función y formación del profesor/a en la enseñanza para la comprensión. Diferentes perspectivas”, en Gimeno, S. Y Pérez Gómez, A.: Comprender y transformar la enseñanza; Madrid; Morata, (1994).
-          Sitton Thad, Mehaffy, George y Davis, O. L., Historia oral; México;  Fondo de Cultura Económica; 1993.
-          Tenti de Laitán, María Mercedes “La historia oral¨, en El estado de las ciencias sociales en los umbrales del nuevo siglo, San Martín de los Andes (Neuquen), Asociación de docentes y técnicos argentinos en ciencias sociales; 1996.
-          Schwarzstein, Dora, Una introducción al uso de la historia oral en el aula; Fondo de Cultura Económica (1991).





[1] Car y Kemmis, p.  121.
[2] Pérez Gómez, P. 34.
[3] Sitton y otros, p. 12.
[4] Schwarzstein; p. 1.
5 Folguera, Pág. 28 y 29.

jueves, 22 de marzo de 2012

LA EPIDEMIA DE PARÁLISIS INFANTIL DE 1956 EN SANTIAGO DEL ESTERO CREACIÓN DEL INSTITUTO DE REHABILITACIÓN DEL LISIADO


por MARÍA MERCEDES TENTI
Publicado en El Liberal el 30 de agosto de 2006

A fines de 1955 una epidemia de ‘parálisis infantil’ (poliomielitis) se extendió por todo el país y provocó miles de muertes y cientos de chicos lisiados. El temor por el contagio del virus obligó a las autoridades provinciales a suspender el inicio de clases en Santiago del Estero, a comienzos del año siguiente, y a abordar, con mayor atención, algunas medidas preventivas relacionadas con la higiene. Presos del horror del contagio de sus hijos, padres y madres apelaban a recursos caseros como las bolsitas de alcanfor colgadas de los cuellos de los niños o a someterlos a vahos con agua de eucalipto.
Ante la aparición de nuevos casos, a partir de marzo de 1956,  se formaron brigadas, dirigidas por las asociaciones vecinales, con el propósito de realizar tareas de desinfección domiciliaria de veredas y calzadas y limpieza y quema de basuras, ante la presunción que con estas medidas se evitaba el contagio. La población respondía con sentido cabal frente a la epidemia mientras el obispo disponía rogativas y colectas. Si bien el brote se estabilizó en el invierno, con los primeros fríos la epidemia continuaba ya que todavía no se había comenzado a aplicar la primera vacuna, descubierta por el médico estadounidense Jonas Salk, luego mejorada y transformada en vacuna oral por Albert Sabin. 

A raíz de la enfermedad comenzó a plantearse la necesidad de conformar una Comisión de Lucha contra la Parálisis Infantil, con la idea de organizar un Instituto de Rehabilitación del Lisiado para la recuperación de los afectados por la poliomielitis y también para quienes hubiesen sufrido accidentes de trabajo, de tránsito, males espásticos, etc. que dejara secuelas en la motricidad.  La provincia era una de las primeras en plantarse esta iniciativa que, si bien era privada, contaba con el apoyo del gobierno provincial.
La comisión, integrada por personas de reconocido prestigio, estaba presidida por José F. L. Castiglione, actuaba como vicepresidente Guido Catella, tesorera Ángela Billaud de Espeche, secretario José Maranzano y vocales el Carlos Argañaraz, Lola de Sogga, Pilar Torres Tejerizo de Eberlé, Sara Zarbá y Ángela Capovilla de Reto.

El motor fue sin dudas José Castiglione quien, junto con los integrantes de la comisión, comenzó una colecta de fondos para habilitar el Instituto. Durante la primera mitad del año trabajaron febrilmente y, con los aportes de la comunidad, asociaciones y gobierno consiguieron finalmente inaugurar el Instituto de Rehabilitación del Lisiado el 31 de agosto de 1956, en el edificio de la Casa Cuna, sobre calle 24 de Septiembre. 

Pronto empezó a funcionar la institución con tres médicos de reconocido prestigio: Hernán Cortez, cirujano, Humberto Lugones, traumatólogo, y César Jiménez, pediatra. Un entusiasta equipo de trabajo completaba la primera planta del Instituto del Lisiado: Elsa Alonso, Elsa Curtet, Celia Bignau, Norma Giuliano de Fares, Margarita Tahan, Santos Cuba, Anita Di Lullo, Azucena del Valle Castillo, Elba Atía y Estela Uriarte Murillo. Se trataba, la mayoría, de gente joven imbuida de espíritu de colaboración y entrega, quienes, ad honórem, colaboraban con la tarea de la naciente institución. 
Detectada la enfermedad, los pacientes eran derivados al hospital Independencia, único centro en la provincia que contaba con pulmotor, conocido como ‘pulmón de acero’. Pasado el período agudo, eran asistidos en el Instituto del Lisiado mediante métodos convencionales en la época: hidroterapia en la pileta de Hubbar -en donde se los descontracturaba con agua caliente y masajes- y tratamiento diario de kinesiología. Como en el medio no había por entonces kinesiólogos titulados, los jóvenes integrantes del plantel -flamantes profesores  de Educación Física- se capacitaron en cursos intensivos realizados por Alpi en Santiago del Estero, Tucumán y Buenos Aires, con profesionales de reconocido prestigio.

El Instituto de Rehabilitación del Lisiado surgió como centro polivalente en el que se brindaba a los pacientes tratamiento de rehabilitación intensiva. Por lo general -según destaca el Prof. Cuba en entrevista realizada- el virus atacaba músculos cruzados y los importantes para la deambulación. Los enfermos quedaban con flacidez muscular y afectada la musculatura importante para la marcha; en consecuencia, dejaban de caminar. Con los tratamientos, algunos conseguían volver a desplazarse por sus propios medios, otros no. A todos se buscaba reinsertarlos en la comunidad a través de la escuela, laborterapia, (talleres de costura y carpintería) y, más adelante, actividades recreativas y deportivas. 

En lo referente a la rehabilitación deportiva, los profesores de educación física llevaron a nivel nacional el DPL (Deporte para Lisiados). En los encuentros regionales y nacionales los niños lisiados participaban activamente en básquet, lanzamiento de jabalina, disco y bala, carrera de atletismo en silla de ruedas, etc. “No se trataba de competiciones entre pares. Cada uno participaba y competía contra su propia planilla de valores, que le permitía ir superándose año a año”, afirma Cuba. De esta manera, el niño se sentía insertado en la sociedad. Con todo algunos, ya adolescentes o adultos, alcanzaron importantes títulos deportivos para la provincia, como Rolando Ruiz que participó en el seleccionado de básquet sobre ruedas que se clasificó subcampeón y campeón nacional y Ovidio Galván que se consagró campeón sudamericano de lanzamiento de jabalina (luego profesor en el taller de carpintería).
En el Instituto se trabajaba en forma de equipo interdisciplinario, en el que era importante la participación de todos y cada uno de sus integrantes. Colaboraban también las áreas psicopedagógica -a cargo de Ahída Butazzoni, asesora de la comisión central-, enfermería, con enfermeras formadas en la Cruz Roja, secretaría y servicios. La premisa que los unía era la vocación de servicio de todos, en forma conjunta, para una recuperación rápida y efectiva de los enfermos que pasaban por la institución. 

La entrega y dedicación puestas de manifiesto en la conformación del Instituto de Rehabilitación del Lisiado, en momentos críticos para la salud de la población santiagueña, hace reflexionar a Santos Cuba uno de sus protagonistas fundadores: “La vida es un encuentro: para encontrarnos, no para desencontrarnos; para solucionar los problemas más importantes, prioritarios. La vida es historia, recordación, memoria. Recordar el pasado, ponerlo en el presente para un mejor futuro. La vida es responsabilidad, individual, social y moral. Eso se ve en el Instituto de Rehabilitación del Lisiado”. 
Fuentes:
El Liberal (1956), Varios.
Entrevista a Santos Cuba.






EL FOLCLORE EN LASLUCHAS POR LA ORGANIZACIÓN NACIONAL   https://www.academia.edu/168899440/El_folclore_en_las_luchas_por_la_organizaci%C3%B3...